Apocalipsis forzado del género
Hemos leído un reportaje que fue portada del suplemento Babelia del diario El País de España, titulado “Una galaxia que se apaga”, escrito por el periodista Jacinto Antón, y cuya fuente única es el reconocido editor de la colección NOVA (dedicada a la ciencia ficción) de Ediciones B, Miquel Barceló. Dicho reportaje es, en realidad, un artículo de opinión a dos voces en el que abundan contradicciones y generalizaciones; no es fácil expresar nuestra posición frente a dicho artículo debido a que sus argumentos no constituyen una tesis sólida.
El artículo parece considerar que el único papel de la ciencia ficción, como en la prospectiva, es anticipar o predecir el futuro. En portada dice: “el futuro mata a la ciencia ficción”, “la realidad deja sin argumentos a la literatura de anticipación”, afirmación que nos parece equívoca y sensacionalista: el hecho de que ahora existan tecnologías que antes eran de ciencia ficción sólo demuestra la importancia del género para influir en la realidad.
Adicionalmente, aquí, en Proyecto Líquido, nos identificamos con Arthur C. Clarke cuando decía que el objetivo de sus historias era entretener al lector y, si es posible, estimular su imaginación. Creemos que el papel de la ciencia y la tecnología en la ciencia ficción es crear escenarios extraordinarios, y que la intención de sus escritores no es necesariamente predecir el futuro sino explorar al ser humano cuando cambian las características de su entorno. En Estados Unidos suelen usar el término “ficción especulativa” para referirse tanto a la ciencia ficción como a la fantasía, y en Italia usan la palabra “fantascienza” para el mismo fin. Muchos escritores exploran ambas facetas, elijen una u otra según lo que quieran lograr con la historia. Pero en español la ciencia ficción y la fantasía se ven como dos géneros rivales, y esto sólo logra separar lectores, confundirlos o aislarlos completamente del género. Todo cabe dentro de la gran categoría de ficción especulativa. No importa a qué subgénero pertenezca: post-cyberpunk, slipstream, bizarro, mundane, realismo mágico, new weird, interstitial, o technothriller, finalmente en su naturaleza hacen parte de lo mismo.
El artículo también sugiere que los jóvenes ya no leen ciencia ficción debido a “productos específicos” como Harry Potter. Esto nos pareció más extraño aún: nosotros trabajamos con niños y jóvenes y notamos exactamente lo contrario. Las historias que ellos escriben o narran son de ciencia ficción, y en sus lecturas disfrutan por igual “Harry Potter”, “Jumper” (el libro), o los cuentos de Ray Bradbury; en general ficción especulativa.
[Foto: © Zingaro. I'am a gipsy too, en Flickr]

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Descarga esta Historia #1: “Día Millón” de Frederik Pohl
“I’m pleased to know that they’ll be reading and discussing “Day Million” (which is my favorite of all my short stories) and I’ll be looking forward to the comments and pictures.”
- Frederik Pohl
El pasado Jueves 17 de Julio a las 6.15 PM, en la primera sesión de Descarga esta Historia, leímos el cuento Día Millón de Frederik Pohl.
Frederik Pohl supo de la actividad por medio de su esposa, Elizabeth Hull, y tuvo la gentileza de enviarnos una nota: “Me alegra saber que estarán leyendo y discutiendo ‘Día Millón’ (que es mi historia favorita de las que he escrito) y estaré esperando los comentarios y fotos”.
Recibimos a los asistentes con música de The Postal Service, un sutil olor a verbena, y una presentación de Proyecto Líquido. Luego presentamos a Frederik Pohl:
Frederik Pohl nació en 1912. Como fan, poeta, crítico, agente literario, profesor, editor de libros y revistas, y principalmente, escritor… Pohl ha explorado la ciencia ficción desde todos los ángulos posibles. El novelista Kingsley Amis lo llamó “el escritor moderno más consistentemente hábil que la ciencia ficción ha producido” y según la crítica literaria está entre los mejores escritores del género. Ha sido presidente del World SF y del Science Fiction Writers of America, y ha ganado todos los premios que puede otorgar la ciencia ficción, entre ellos el Nebula (que ganó tres veces, una de ellas como “Gran Maestro” por la totalidad de sus obras), el Hugo (que ganó seis veces, por su trabajo de escritura y edición) y el John W. Campbell (que ganó dos veces), y ha gando premios por fuera del mundo de la ciencia ficción como el American Book Award y el United Nations Society of Writers Award. Entre sus honores también está el haber sido elegido como socio en la Sociedad Interplanetaria de Inglaterra y en la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. Co-escribió con su amigo de toda la vida, Isaac Asimov, un libro de no-ficción sobre los problemas del medio ambiente llamado La Ira de la Tierra, libro al que el recientemente fallecido escritor Arthur C. Clarke se refirió como “tal vez el libro más importante que ambos autores han producido”. Muchos de los trabajos de Frederik Pohl, empezando por Mercaderes del Espacio, han sido adaptados a radio, televisión y películas. En Europa muchas de sus historias han sido televisadas por la BBC y su famosa novela “La Plaga de Midas” fue un especial de tres horas en la televisión alemana. La película de NBC de 1981, “The Clonemaster” fue inspirada en una de sus historias, su novelette “El túnel bajo el mundo” fue adaptada al cine en Italia, y sus novelas Homo Plus y Pórtico están siendo adaptadas al cine en Estados Unidos (incluso de esta última han salido dos juegos de video). Entre sus novelas traducidas al español están: Mercaderes del Espacio, La Llegada de los Gatos Cuánticos, Los años de la Ciudad y Pórtico. Y entre sus relatos más recordados está El Túnel Bajo el Mundo y Día Millón, cuento con el que iniciamos Descarga esta Historia.
“Día Millón” es una de las obras maestras del género: corta, efectiva, divertida y provocadora, era justo la historia que necesitábamos para capturar la atención del público. Empieza así:
En ese día del que quiero hablar, que llegará de aquí a unos mil años, había un chico, una chica y una historia de amor.
Pues bien, aunque he dicho muy poco hasta ahora, nada de lo que he dicho es verdad. El muchacho no era lo que tú y yo entenderíamos normalmente por un muchacho, porque tenía ciento ochenta y siete años. Ni la chica una chica, por otras razones. Y la historia de amor no entrañaba esa sublimación del impulso de violar, y el concurrente aplazamiento del instinto de someterse, o lo que en la actualidad entendemos como tal. Poco sacarías de esta historia si no conocieras estos hechos desde el principio. Por el contrario, si los tienes en cuenta, estoy seguro que la encontrarás llena de risas, lágrimas y agudos sentimientos que pueden, o no, pueden, merecer la pena. La razón por la que esta chica no era una chica es que era un chico.

Y generó debate: relacionamos el concepto platónico del “amor” con la anécdota de los análogos matemáticos que comparten los personajes de la historia en su matrimonio. Debatimos la razón de ser de la ciencia ficción en el mundo contemporáneo, ¿qué tan relevante es?. Hablamos sobre el progreso exponencial (probablemente no estamos tan lejos de algunos de los planteamientos de la historia) y sobre la realidad de este progreso en países o regiones con otra cultura y economía. Observamos algunos aspectos del relato: el tono sarcástico del narrador, su conocimiento sobre el presente y su narración del futuro en pasado. Y hablamos sobre la creación de un nuevo cuerpo que se adapte a los cambios científicos y tecnológicos, como le sucede a la protagonista de la historia:
Las grasas de su cuerpo están poliinsaturadas como las de los productos Crisco. Sus residuos se hemodializan mientras duerme, lo que significa que no tiene que ir al baño a hacer sus necesidades. Puede, a voluntad, para entretenerse, disponer por media hora de más energía que toda la nación portuguesa actualmente, y utilizarla para lanzar un satélite de fin de semana o para modificar un cráter en la Luna. Ama mucho a Don. Tiene todos sus gestos, sus ademanes, el tacto de su mano, la emoción del contacto, la pasión del beso, almacenados en forma simbólico-matemática. Y cuando lo desea lo único que tiene que hacer es poner en funcionamiento la máquina y ahí lo tiene.
Fue, en general, un debate único y enriquecedor. Y continúa este jueves, con una nueva historia para descargar, en el Aula de Audición Musical de la Universidad EAFIT a las 6.15 PM.
¡Los esperamos!
[Fotos: Nicolás Peñaloza]

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Presentación de Proyecto Líquido, Descarga esta Historia #1
Antes de empezar, una breve presentación: somos el equipo Proyecto Líquido, trabajamos desde Medellín y estamos dedicados a la ciencia ficción y a la literatura fantástica. Hace poco publicamos nuestro primer libro Agua/Cero, una colección de cuentos que exploran, entre otros temas, la ingeniería genética, las modificaciones corporales, la teoría de la relatividad y la computación ubicua. También estamos organizando para el año entrante FRACTAL ‘09, un congreso internacional de Nuevas Tecnologías, Ciencia Ficción y Literatura Fantástica.
Proyecto Líquido usa la ciencia ficción como herramienta para divulgar ideas científicas y tecnológicas, para explorar posibles consecuencias sociales de tecnologías que ya se usan o que están en proceso de desarrollo, para conocer el léxico del futuro e inspirar a los más jóvenes. Uno puede mirar hacia atrás y notar cómo la ciencia ficción ha influenciado grandes desarrollos tecnológicos. Como ejemplo está Tim Bernand Lee, quien creó la World Wide Web inspirado en el cuento de ciencia ficción Marque F de Frankenstein, escrito por Arthur C. Clarke. William Gibson inventó el concepto de “ciberespacio” en su novela Neuromante y esta palabra ahora hace parte de nuestro léxico. Neal Stephenson inventó el concepto de “metaverso” en su novela Snow Crash e inspiró a los desarrolladores de Second Life, Entropia y, más recientemente, Lively de Google, mundos virtuales que revolucionan la forma en que los seres humanos interactúan a distancia. Y el escritor Robert Heinlein habló de la tecnología RFID, los teléfonos celulares, los brazos robóticos controlados remotamente, los hornos microondas, entre otras cosas, mucho antes de que fueran inventados. En el sitio web Technovelgy se muestran alrededor de 1500 ejemplos de este tipo.
Ciencia y tecnología cambiando al ser humano. La humanidad pasando de la capacidad de adaptarse para la supervivencia por medio de la selección natural de rasgos hereditarios a nuevos medios de adaptación y resolución de problemas –computación, redes, bases de datos–. Y ahora la humanidad superándose a sí misma. Científicos como Vernor Vinge y Ray Kurzweil especulan que dentro de 15 o 20 años vamos a crear o a convertirnos en seres más inteligentes que los humanos. Este momento significativo en la historia, que podrá ocurrir por medio de la inteligencia artificial, las interfaces humano/computador, o la modificación biológica del genoma humano, lo llaman la singularidad tecnológica, y según ellos será un fenómeno comparable al surgimiento de la inteligencia humana en el mundo biológico. La ciencia ficción contemporánea suele explorar esta singularidad, y sus extrapolaciones tratan de ver a través de ella.
Ver a través de las cosas. Uno de nuestros principales intereses es imaginar cómo los nuevos descubrimientos científicos retan nuestra comprensión del mundo. La física cuántica y la nanotecnología exploran el micromundo, lo que no se puede ver con los ojos pero que a su vez forma la sustancia de todas las cosas. Conceptos como el hiperespacio y la teoría de los universos múltiples cambian nuestras perspectivas de lo que consideramos real. Michio Kaku, físico teórico y divulgador científico de aspecto oriental que tal vez ustedes hayan visto en el Discovery Chanel, es un gran lector de ciencia ficción. En una reciente entrevista habló sobre el hiperespacio. Dijo: “de niño yo solía mirar durante horas el Jardín Japonés del Té, observando los peces carpa que nadan bajo las hojas de nenúfar, viviendo en un mundo de dos dimensiones. Sus ojos apuntan al lado, y sólo pueden visualizar dos dimensiones. Cualquier pez carpa científico se burlaría de la noción de una tercera dimensión, ya que el universo sólo sería lo que puede medirse, y el universo sólo sería el estanque. Entonces me imaginé que agarraba a este pez científico, y lo elevaba al hiperespacio, la tercera dimensión. ¿Qué vería? Vería seres moviéndose sin aletas: una nueva ley de la física. Seres respirando sin agua: una nueva ley de la biología. Bueno, hoy muchos físicos sienten que nosotros somos peces viviendo en 3 dimensiones, sin conciencia de que puede haber hasta 11 dimensiones en nuestro verdadero universo”. Y aquí es donde entra la ciencia ficción: su tarea es indagar sobre estas nuevas formas de ver el mundo, explorar las posibles consecuencias sociales que generan, y al mismo tiempo, entretener al lector.
La ciencia ficción más reciente habla sobre el llamado “futuro dentro de cinco minutos” y en sus historias usa tecnologías existentes o que están a punto de ser desarrolladas. Dos avances recientes que parecen sacados de una novela de ciencia ficción pertenecen a las áreas de la ingeniería genética y las redes informáticas. La noticia más importante en cuanto a ingeniería genética fue la primera modificación exitosa de un embrión humano realizada en la Universidad de Cornell. El fin era estudiar enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer, la fibrosis quística y el cáncer, pero la noticia desató protestas frente a un posible futuro donde la ciencia pueda diseñar bebés con rasgos modificables: el color de los ojos, la altura, la capacidad atlética, la inteligencia, y finalmente los científicos aseguraron que los bebés diseñados no estaban en sus planes. En cuanto a las redes informáticas La Oficina de Comunicaciones de Inglaterra planeó para el año entrante una red de sensores wireless Bluetooth implantados dentro del cuerpo de la gente para monitorear remotamente sus señales vitales y alertar automáticamente a los paramédicos en caso de un desmayo, colapso diabético o ataque al corazón. Drogas empacadas en botellas inteligentes le recuerdan al paciente cuándo tiene que tomarse las pastillas prescritas, y le envía alertas a los familiares en caso de no haberlo hecho. Avances en la tecnología GPS y wireless evitarán accidentes automovilísticos – sistemas inteligentes de transporte que permitirán que un auto sea consciente de otros autos y que envíe alertas cuando necesite frenar repentinamente, o si los dos autos ya están a punto de colisionar, hacerlo de manera automática… y en caso de que el choque inevitablemente ocurra, evitarán el problema de llamar al tránsito y al hospital: será inmediatamente reportado, y los paramédicos que llegarán al lugar del accidente podrán leer con pequeños computadores la historia clínica del paciente. Esto, sumado a la información en tiempo real sobre las congestiones de tráfico y cálculos automáticos de mejores rutas o medios de transporte para una ocasión específica, son ejemplos de las posibilidades creativas de tecnologías que usan el radioespectro y que están empezando a implementarse. La empresa Verichip empezó a comercializar implantes de chips con fines médicos. Y aquí, en Medellín, la tecnología de identificación por radiofrecuencia se está usando en hoteles, hospitales, y en el sistema de tarjetas Cívica del Metro.
Todo esto hace que cuestionemos el concepto de privacidad. Cuando todo el mundo puede saber tu información personal y tus gustos gastronómicos y tu ubicación geográfica y tu historia clínica y tus compras mensuales, el espacio privado empieza a desaparecer. Deja de tener sentido el concepto de espía y víctima, y entramos a un mundo que el científico y escritor de ciencia ficción David Brin define como La Sociedad Transparente. Una de las posibles sociedades que vivirá el ser humano del futuro.
Y esto no es fácil entenderlo. A partir de cierta edad se dificulta cambiar nuestra comprensión del mundo. Por eso la estimulación del hábito de lectura de ciencia ficción y generar una curiosidad por la ciencia y la tecnología es una responsabilidad que tienen los adultos con los niños. Escuchar sus ideas, motivarlos a que se expresen artística, creativa e intelectualmente les permitirá armonizarse con el presente y adaptarse al mañana. La “realidad” que ha vivido el país ya se ha reportado en libros, noticieros, películas y documentales. Es hora de mostrar otra realidad, entender el presente y pensar en las infinitas posibilidades del futuro; se están creando poderosas redes de comunicación que desvanecen los límites entre los países, y por lo menos en el ciberespacio empezamos a hacer parte de una comunidad global. El cambio es inevitable, y los niños a quienes dejaremos viviendo en este futuro tienen el derecho a saberlo.
[Leído en Descarga esta Historia, 17 de Julio de 2008]
[Texto: Hernán Ortiz]

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Hackers revolucionan el concepto de red social
HOPE (Hackers on Planet Earth) es un congreso de hackers y un grupo de trabajo que desarrolló un proyecto de redes sociales concientes-de-la-localización usando tecnología RFID. El proyecto Attendee Meta-Data (AMD) será usado este fin de semana para que los asistentes al congreso rastreen y se encuentren con otros hackers basados en una enorme lista de intereses similares. Quienes van a la conferencia podrán conectarse con gente nueva, encontrar las conferencias que más les interesa, ver qué pasa y dónde en tiempo real, y experimentar y conversar sobre la forma en que la tecnología RFID está cambiando el mundo.
Esta tecnología de redes sociales es igual a la que menciona el cuento “Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por Google” de Bruce Sterling, que se ubica en el año 2025.
En el sitio del congreso dice que:
A los asistentes se les dará una insignia que los identifica, permitiéndoles ser rastreados en el espacio de la conferencia. Se monitorea la localización exacta y los movimientos en tiempo real y se usa esta información para revolucionar el concepto de una red social. Los visitantes pueden “etiquetarse” basados en uno o varios intereses: hackers de la vieja escuela, expertos en seguridad de redes, criptógrafos, activistas políticos, geeks de leyes, lockpickers, ingenieros inversos, bloggers, defensores de la privacidad, etc, y así podrán encontrar y ser encontrados por otros asistentes con intereses similares. Estas mismas etiquetas son usadas para, por medio del sitio de AMD, destacar eventos y alertar a los visitantes de alguna conferencia que podrían estar perdiéndose (hay muchas conferencias a la vez). Los asistentes también pueden programarse de forma interactiva, seleccionar los eventos a los que quieren ir, y recibir alertas antes de que empiecen, así como visualizar la actividad en los pisos de la conferencia, ver las posiciones y los movimientos de la gente del Mezzanine en tiempo real (revelando la dinámica de un grupo masivo), identificar los hotspots y hacer clic en la conferencia para ver el evento actual, el conferencista y los asistentes.
La tecnología RFID ahora es ubicua. Las etiquetas RFID se usan para rastrear a la gente y a sus pertenencias, monitorear su comportamiento, pagar en grandes sistemas de tránsito, manejar el inventario de una tienda, entre otras cosas. El Proyecto AMD reta a los asistentes de HOPE a pensar en las formas en que se está usando esta tecnología y cómo está cambiando el mundo, para bien o para mal.
[fuentes: BoingBoing, The Last HOPE]

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ADN como software, las enzimas como hardware
Pensar en el ADN como software y en las enzimas como hardware. Ambas unidas, generando reacciones. Es la idea general de la computación ADN — una forma de computación diferente a la tradicional basada en silicio: usa bioquímica, biología molecular y, por supuesto, ADN. Y al igual que la computación cuántica, busca reemplazar los ceros y unos tradicionales para codificar la información en función de estados que ocurren en la naturaleza: en computación cuántica se usa el spin de un electrón; en computación ADN, el estado de una molécula.
Se especula que la velocidad de un computador ADN estaría un millón de veces por encima de un supercomputador convencional, y que su capacidad de almacenamiento sería miles de millones de veces mayor.
Leí en un artículo publicado en Tendencias21 que un grupo de científicos japoneses han desarrollado el primer ADN artificial del mundo. Tiene la capacidad de hibridar espontáneamente, lo que configura una estructura molecular estable al calor. Antes se había logrado incorporar partes artificiales a la molécula natural, pero estos investigadores han conseguido crear una molécula entera, inusualmente estable, con una estructura que permite una doble hebra, similar a la del ADN natural, pudiendo además formar con facilidad una estructura con tres hebras . El artículo concluye diciendo que esta tecnología bioinformática haría posible los procesos de curación sin cirugía o una diagnosis clínica mucho más barata e infalible que puede parecer ciencia ficción.
[Imagen: © ISTOCKPHOTO/SEBASTIAN KAULITZKI]

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J.G. Ballard: Autopsia del Nuevo Milenio
La gran atracción de este año en Kosmopolis, la Fiesta Internacional de Literatura celebrada en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, es el escritor inglés J.G. Ballard. No por su presencia en el evento (en un emotivo párrafo de su autobriografía publicada este año, Miracles of Life, el autor se despide del mundo revelando una enfermedad terminal que lo ata a su casa de Shepperton), sino por un monográfico del autor y por una muestra de su obra. El autor de novelas como Crash, El Imperio del Sol, Furia Feroz, y la recientemente publicada por Ediciones Minotauro, Bienvenidos a Metro-Centre, será homenajeado en la muestra Autopsia del Nuevo Milenio. Esta exposición, que empieza el 22 de Julio, será un recorrido a través del universo creativo de Ballard: su credo, los paisajes de sueño en sus obras, su teoría del espacio interior, el arte ballardiano (”ballardiano” es una palabra que existe en el diccionario de inglés Collins para referirse a las condiciones de modernidad distópica, paisajes desolados hechos por el hombre, y efectos psicológicos de los desarrollos sociales, ambientales o tecnológicos, descritas en las novelas y cuentos de J.G. Ballard), entre otros. Aquí se puede ver el PDF de la exposición.
Y en Octubre, Bajo el Signo de Ballard es una mesa redonda que contará con la presencia de Bruce Sterling (gran conocedor de la obra de Ballard), Tony Litt (que ha entrevistado a Ballard en persona) y V. Vale (fundador de RE/Search Publications, editorial que ha publicado cuatro libros sobre Ballard). Estos autores son una muestra de la calidad de los conferencistas de Kosmopolis, un evento que en ediciones anteriores contó con la participación de los escritores de ciencia ficción William Gibson, Pat Cadigan y Brian W. Aldiss.
Actualización: Un interesante reporte escrito por Rodrigo Fresán sobre el evento mencionado puede leerse aquí
Para quienes no conocen a J.G. Ballard cito a continuación su credo, publicado en 1984 en la revista francesa Science Fiction, en la británica Interzone y en RE/Search Publications. La traducción fue realizada por Claudia Kozak.
Creo en el poder de la imaginación para rehacer el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, trascender la muerte, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros y asegurarnos los secretos de los locos.
Creo en mis propias obsesiones, en la belleza de un choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de una playa de vacaciones desierta, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados.
Creo en las pistas de aterrizaje olvidadas de Wake Island, señalando a los Pacíficos de nuestras imaginaciones.
Creo en la belleza misteriosa de Margaret Thatcher, en el arco de sus fosas nasales y el borde de su labio inferior; en la melancolía de los conscriptos argentinos heridos; en las sonrisas perturbadas de los empleados de estaciones de servicio; en mi sueño sobre Margaret Thatcher acariciada por ese joven soldado argentino en un motel olvidado, observados por un empleado de estación de servicio tuberculoso.
Creo en la belleza de todas las mujeres, en la perfidia de sus fantasías, tan cerca de mi corazón; en la unión de sus cuerpos desencantados con los rieles de cromo de las góndolas de supermercado; en su cálida tolerancia de mis propias perversiones.
Creo en la muerte del mañana, en el acabamiento del tiempo, en la búsqueda de un tiempo nuevo en las sonrisas de las mozas de los bares de las rutas y en los ojos cansados de los controladores de tráfico aéreo en aeropuertos fuera de temporada.
Creo en los órganos genitales de los grandes hombres y mujeres, en las posturas corporales de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y la Princesa Diana, en el suave olor que emana de sus labios cuando miran a las cámaras del mundo entero.
Creo en la locura, en la verdad de lo inexplicable, en el sentido común de las piedras, en la demencia de las flores, en la enfermedad reservada para la raza humana por los astronautas del Apolo.
No creo en nada.
Creo en Max Ernst, Delvaux, Dalí, Tiziano, Goya, Leonardo, Vermeer, de Chirico, Magritte, Redon, Durero, Tanguy, el Facteur Cheval, las torres Watts, Bocklin, Francis Bacon, y en todos los artistas invisibles dentro de las instituciones psiquiátricas del mundo.
Creo en la imposibilidad de la existencia, en el humor de las montañas, en lo absurdo del electromagnetismo, en la farsa de la geometría, en la crueldad de la aritmética, en las intenciones asesinas de la lógica.
Creo en las adolescentes, en la corrupción que hay en ellas sólo por la postura de sus piernas, en la pureza de sus cuerpos desaliñados, en los rastros que sus partes pudendas dejan en los baños de moteles miserables.
Creo en el vuelo, en la belleza del ala, y en la belleza de todo lo que alguna vez haya volado, en la piedra arrojada por un niño pequeño que lleva en sí misma la sabiduría de los estadistas y de las parteras.
Creo en la amabilidad del bisturí, en la geometría sin límites de la pantalla de cine, en el universo oculto dentro de los supermercados, en la soledad del sol, en la locuacidad de los planetas, en la redundancia de nosotros mismos, en la inexistencia del universo y el aburrimiento del átomo.
Creo en la luz que arrojan las videograbadoras en las vidrieras de las grandes tiendas, en la agudeza de las parrillas de los radiadores en los salones de venta de automóviles, en la elegancia de las manchas de aceite sobre las barquillas de los motores de los 747 estacionados en las pistas de los aeropuertos.
Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro, y en las infinitas posibilidades del presente.
Creo en el desarreglo de los sentidos: en Rimbaud, William Burroughs, Huysmans, Genet, Celine, Swift, Defoe, Carroll, Coleridge, Kafka.
Creo en los diseñadores de las Pirámides, el Empire State, el bunker del Fuhrer en Berlín, las pistas de aterrizaje de Wake Island.
Creo en la fragancia del cuerpo de la Princesa Diana.
Creo en los próximos cinco minutos.
Creo en la historia de mis pies.
Creo en las migrañas, el aburrimiento de las tardes, el temor a los calendarios, la traición de los relojes.
Creo en la ansiedad, la psicosis y la desesperanza.
Creo en las perversiones, en el amor obsesivo por los árboles, las princesas, los primeros ministros, las estaciones de servicio abandonadas (más bellas que el Taj Mahal), las nubes y los pájaros.
Creo en la muerte de las emociones y el triunfo de la imaginación.
Creo en Tokio, Benidorm, La Grande Motte, Wake Island, Eniwetok, Dealey Plaza.
Creo en el alcoholismo, las enfermedades venéreas, la fiebre y el agotamiento.
Creo en el dolor.
Creo en la desesperanza.
Creo en todos los niños.
Creo en mapas, diagramas, códigos, juegos de ajedrez, rompecabezas, tableros de horarios de vuelos, carteles indicadores de los aeropuertos.
Creo en todas las excusas.
Creo en todas las razones.
Creo en todas las alucinaciones.
Creo en toda la rabia.
Creo en todas las mitologías, recuerdos, mentiras, fantasías y evasiones.
Creo en el misterio y la melancolía de una mano, en la amabilidad de los árboles, en la sabiduría de la luz.
[Fuentes: Portal-Cifi, Kosmopolis, educ.ar]
[Fotografía: David Levenson/Getty Images]

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El teléfono celular como una varita mágica
“Una varita mágica móvil, activa y contextualmente consciente”, dice Teemu Arina con respecto a los teléfonos celulares del futuro próximo en su blog sobre aprendizaje en la red, conocimiento y colaboración en organizaciones. “Ya no se trata de skins. Ni siquiera de las características, código abierto, multi-touch o tipo iPhone. Se trata de quién es el que va a hacer que el dispositivo interactúe con el entorno y lo capture en un contexto. Les digo que es una varita. Va a hablar con las nubes en vez de hacerlo con aplicaciones nativas. Podría o no enlazarse al cerebro global. Pero lo que sé con seguridad es que va a combinar cloud computing, realidad aumentada y la internet de las cosas de una manera significativa”.
A continuación, un video sobre la evolución de los teléfonos celulares hasta hoy, y su proyección al futuro próximo.
(Fuentes:Teemu Arina y Beyond the Beyond)

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Descarga esta Historia: Narraciones para el Siglo XXI
Proyecto Líquido y la Universidad EAFIT organizan un espacio en Medellín para pensar en escenarios futuros a partir de la ciencia ficción y la literatura fantástica.
La ingeniería genética, la computación ubicua, la robótica, la ciencia a escala nanométrica, la inteligencia artificial, entre otras ramas de la ciencia y la tecnología están cambiando lo que entendemos por ser humano y sociedad.
¿Cuál es tu posición al respecto?
Participa todos los jueves a las 6:15 PM en la Sala de Audición Musical, tercer piso de la biblioteca Luis Echavarría Villegas de la Universidad EAFIT
Entrada libre.
Desde el 17 de Julio hasta el 6 de Noviembre de 2008
(Ilustración: Sebastián Peláez Castaño, © Proyecto Líquido)

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“Por favor, enséñame cómo hacer un WALL-E”
Voy poco a cine: la última película que vi fue Capote. Y nunca había ido a ver una película animada. Las alquilaba o las veía inevitablemente en reuniones familiares, junto a niños que ya las habían visto diez o más veces y recitaban las líneas de memoria. Cada que pienso en esas películas escucho un coro-de-niños-Shrek, un coro-de-niños-Buzz Lightyear, un coro-de-niños-Remy. Así que decidí ir al estreno de WALL-E: en un estreno los niños no harían coro con los diálogos de los personajes. Además había visto la noticia sobre el acuerdo de colaboración que firmó la NASA con los estudios de Walt Disney en el marco de WALL-E con el fin de promover entre los niños el interés en la ciencia y la tecnología. Y quise probar si era verdad.
No es que tuviera muchas expectativas: yo esperaba que WALL-E fuera una tierna película para niños sobre dos robots que se enamoran. Nada más. Pero ahora puedo decir confiadamente que WALL-E (un film animado para todas las edades) es una de las mejores películas de ciencia ficción que he visto en mucho tiempo. Y no solo es mi opinión. Recientemente Gary Westfahl dijo en la revista Locus que WALL-E “hace lo que la mejor ciencia ficción debería estar haciendo”, una historia bien construida, ambientada en el futuro, que te involucra y te hace a pensar.
Entre los temas que trata WALL-E está el miedo a que los avances tecnológicos hagan que la gente sea débil, inútil, inmóvil (los humanos en la película son obesos, están sentados todo el tiempo en sillas que los transporta a su destino, no hacen más que hacerle caso a las imágenes individualizadas que se proyectan en su cara e incluso la comida es líquida, para evitarles el esfuerzo de masticar), el peligro de que los robots que el hombre creó para su servicio terminen rebelándose contra él mismo, las posibilidades del viaje al espacio (sobre todo para los robots, que vuelan en el vacío del espacio como ningún astronauta podría), entre otros. El interés de la NASA era generar curiosidad en temas como la tecnología robótica, los sistemas de propulsión y la astrofísica. “Las grandes ideas para la futura exploración del universo comienzan con la imaginación”, dijo Robert Hopkins, director de comunicaciones estratégicas de la NASA, refiriéndose al acuerdo de colaboración con WALL-E.
Y recordé esa frase cada que los niños, en vez de repetir los diálogos de los personajes, le preguntaban a sus mamás cómo podría construirse un centro comercial en la luna si allí las cosas flotan, por qué los robots podían volar en el espacio, a qué distancia de la tierra uno empezaba a flotar, por qué el Axioma (el crucero espacial donde vivían los humanos) podía viajar tan rápido de un lugar a otro. Y pensé en los futuros exploradores espaciales que se inspirarían en la película cuando una niña muy pequeña le dijo a su abuela que, por favor, le enseñara cómo hacer un WALL-E.

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“Llámenlo una prótesis de memoria” - Charles Stross en Second Life
Al frente estaba el avatar de Charles Stross. Era un poco más delgado que el personaje real, pero fácilmente reconocible: cabeza rapada, gafas de marco negro, barba prominente y un nick delator: Autopope Writer (su web se llama antipope.org, nombre que un administrador de sistemas borracho le asignó por error en los inicios de Internet luego de que Stross le dictara “Autopope”). El autor de Cielo de Singularidad, Accelerando y Halting State estaba sentado en el escenario del Salon Room, Central Nexus junto a dos moderadoras de Extropia. Yo iba dos minutos tarde: había entrado a Second Life, me había teletransportado y el mundo se demoraba en cargar, una señal inequívoca de lo lleno que estaba.
Encontré una silla disponible y me proyecté hacia allá. Me senté. A mi alrededor había gran variedad de avatars: un robot de madera con extremidades cúbicas, un conejo rosado con kimono blanco, un hombre con piel de circuito integrado y uno con brazo protésico. Todos hacían preguntas y comentaban, y Autopope iba respondiendo en el orden que indicaba un tablero colgado en la pared de la habitación. Mientras iba leyendo, conocí un poco la personalidad de Stross: su riguroso escepticismo: “no creo en la suerte, creo en el reconocimiento de patrones… la suerte es solo un artefacto de nuestra arquitectura neurológica”, su arrogancia: “la gente compra productos que anuncian por spam porque, tristemente, la gente está hecha de e-s-t-u-p-i-d-e-z”, su paranoia: “nos acercamos rápidamente a un estado de vigilancia realmente asustador”, y su extraño sentido del humor: “aquí en Escocia, la edad mínima para beber son 5 años”. “No me gustan las teleconferencias: uno no se puede meter el dedo en la nariz o mirar feo a los idiotas que están al otro lado de la línea”.
Con esta personalidad, Charles Stross podría parecer una persona chocante y con pocos amigos, pero la verdad es que tiene muchos fans, y gracias a ellos ha podido dedicarse a escribir tiempo completo desde hace tres años.

A continuación traduzco partes del chat relacionadas con H2blOg. El chat completo se puede leer en inglés aquí.
Escribir ciencia ficción del futuro próximo es *difícil*. El futuro solía parecer predecible – más de lo mismo, sólo que con carros voladores. Pero desde hace 30 o 40 años las cosas se pusieron no-lineales. (Sobre los carros voladores: podrías querer un carro volador, pero no que el hijo de 16 años de tu vecino manejara el carro volador de su papá con un six pack de cerveza. ¿Verdad? El modo de fracaso por defecto para un carro volador es bastante terminal).
Yo no estoy escribiendo para los transhumanistas. Estoy escribiendo para los geeks. De 1920 a 1970 la ciencia ficción hablaba sobre incrementos en delta-V – aceleración, velocidad, viajes. Imitaba la obsesión modernista con el transporte y la comunicación. Pero en los 70s nos estrellamos contra un muro enérgico – no podíamos ir más rápido. Mientras tanto, se estaba poniendo en marcha la revolución de las tecnologías de la información. La Ley de Moore nos dio un progreso exponencial diferente del aeroespacial. Pero los escritores más viejos de ciencia ficción seguían con su estrategia de la exploración espacial. Mientras tanto los chicos que estaban interesados en las ciencias exactas dejaron la ingeniería aeroespacial y terminaron siendo sysadmins de UNIX. Y la mayoría de los escritores más clásicos de ciencia ficción no se han dado cuenta de este cambio en el nuevo círculo de lectores y no les están escribiendo a ellos. Neal Stephenson se dio cuenta. Vernor Vinge se dio cuenta. *Yo* me di cuenta. Y esa es la razón por la que estoy escribiendo otro tipo de ciencia ficción – para un grupo de lectores cuya métrica para el análisis del progreso es diferente.
Quiero las gafas de Halting State. No tengo problemas con las gafas que tienen pantallas de video, pero lo que yo quiero son gafas de video con un CCD (dispositivo de cargas eléctricas interconectadas) en el exterior, de forma que actúen como ojos de cámara de video. Con mejoras en la imagen, multiespectrales o con imágenes infrarrojas, zoom, y la capacidad de renderizar imágenes 3D (por ejemplo, de Second Life) en imágenes del mundo real. Adicionen GPS y pueden caminar por el mundo real mientras lo ven interactuar con Second Life. También la capacidad de grabar todo lo que ven para posteridad. Adicionen GPS y etiquetado de voces para metadatos y pueden buscar todo su historial. Llámenlo una prótesis de memoria.
Sobre películas: probablemente no ocurra pronto. (Vender los derechos para cine y ver la producción de una gran película taquillera es, para un escritor de ciencia ficción, el
equivalente de ganar la lotería). Además, la longitud ideal de un trabajo de ficción que vaya a ser adaptado al cine es en formato novella (de 75 a 125 páginas en formato escrito). Las novelas son demasiado largas, y para adaptarlas a cine, tienen que cortarles mucho. Por otro lado, el control de un autor sobre su obra una vez ha vendido los derechos para cine es aproximadamente cero (a no ser que el autor sea J.K. Rowling, famoso y lo suficientemente rico como para comprarse una participación en la producción – sólo cuesta algunos millones de dólares).

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Se acaba el hielo en el Polo Norte
Los científicos dicen que por primera vez en la historia humana el hielo del Polo Norte va a desaparecer completamente. Se podrá llegar en bote por medio del mar y navegar en esa región; una situación que demuestra las consecuencias dramáticas del calentamiento global. Y será este año: 2008. Todo depende de las tendencias climáticas.
Es muy irónico: mientras que en Marte descubrimos hielo con características similares al de la región antártica (”¿deberíamos estar buscando pinguinos marcianos en vez de pequeños hombres verdes?, se preguntó la revista Nature), en la parte más alta de la Tierra nuestro mar de hielo se convierte en un mar de agua. Los científicos dicen que la probabilidad de que esto ocurra es más del 50%; dicen que antes solía haber hielo grueso en la región polar, compuesto de capas que se formaban durante muchos años, y que ahora esta región está cubierta por el hielo que se forma en un solo año — una capa temporal mucho más delgada que se remplaza anualmente. En 2007 se derritieron casi 1200 kilómetros del polo, y según los científicos, dependiendo de las condiciones meteorológicas, muy probablemente aumentará en su totalidad este año.
Esto es una buena noticia para quienes hayan soñado toda la vida con atravesar el polo norte sin bajarse de un barco; y desde una perspectiva menos absurda, para las naciones árticas: podrán explotar el petróleo y los depósitos minerales que habían sido imposibles de extraer cuando había una capa gruesa de hielo.
Pero es una mala noticia para el resto del mundo. La desaparición del mar de hielo en el Polo Norte significa un planeta más caliente; el hielo ayuda a enfriar la tierra al hacer que los rayos del sol reboten de nuevo hacia el espacio exterior. Esta propiedad reflectiva se conoce como albedo. Es una propiedad que también evita que los rayos del sol alcancen el océano. Y evita que el océano sea el que absorba el calor, y en general, que se derrita más hielo. Los científicos dicen que perder hielo es perder un importante mecanismo de enfriamiento, dando como resultado una aceleración del calentamiento global.
(Fuentes: The Independent, PopSci, ABC News)
(Imagen: Johnny Johnson/Getty Images)

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Anathem entra a la moda Agua/Cero: ciencia ficción con soundtrack
¡Anathem, la nueva novela de Neal Stephenson, viene con música inspirada en la historia! 7 tracks para ambientar la lectura de la novela. El concepto es igual al de nuestro primer libro, Agua/Cero, sólo que Anathem viene con CD y Agua/Cero viene con un acceso para descargarla. Yo no había leído a Stephenson desde Snow Crash y esta es la mejor oportunidad para hacerlo. Espero que la traducción de Anathem también incluya el soundtrack — debido a su longitud (Anathem tiene 935 páginas), las traducciones al español de Stephenson se suelen publican en tomos. Eso depende de la editorial que la compre.
Según Cory Doctorow en boingboing: “es una música increíblemente extraña y maravillosa”. Realizada por David Stutz, desarrollador de software conocido por su papel en tecnologías como NeXT y Visual Basic, que además escribió una carta abierta a Microsoft explicándoles cómo co-existir en un mundo Open Source, y que ahora está dedicado a componer esta música tan “rara y hermosa”.
En el sitio In Pursuit of Mysteries listan los tracks de la música del mundo de Anathem:
- Aproximating Pi
- Thousander Chant
- Proof Using Finite Projective Geometry
- Cellular Automata
- Quantum Spin Network
- Sixteen Color Prime Generating Automation
- Deriving the Quadratic Equation
Y el reseñador dice:
Acabé de escuchar varias canciones de este CD que, francamente, es una mierda rarísima. Digo esto sin reservas. Los estilos musicales provienen de todo el mundo, con la excepción de que sólo usan voces humanas (y ocasionalmente manos). Algunas partes son similares al canto occidental cristiano. Otros tracks tienen arreglos vocales más clásicos. El resto parece estar fuertemente influenciado por los cantos Orientales, Budistas, especialmente por el Budismo Tibetano con su uso de armónicos y voces que se superponen. Varía un poco de canción en canción. Adicionalmente, cuando hay palabras que se escuchan, no están en inglés (o en otro idioma reconocible).

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Es verdad, hay hielo en Marte
La sonda Phoenix afirmó haber encontrado hielo. Luego de escarbar en la superficie del planeta durante 24 días marcianos y de haber fracasado en los análisis en busca de agua, hubo una esperanza: una zanja excavada por el brazo robótico mostraba unos pedazos brillantes de “algo”… y esos pedazos, días después, desaparecieron.
“Tiene que ser agua”, dijo ayer Meter Smith, investigador principal de la misión. “Puede ser sal y puede ser hielo”, dijeron los expertos a principios de semana. Pero ayer la mancha no estaba, luego debe ser agua helada que se ha evaporado en estos días que ha estado expuesta al Sol, porque la sal no se evapora. “Todo el equipo científico piensa esto: creo que sentimos que ésta es una prueba definitiva de que son pequeños trozos de material helado”, dijo ayer Smith. La NASA también afirmaba: “Tiene que ser agua”.
La misma sonda dijo por Twitter “¡Uuuuujuuuuu! ¡Estaba mirando pedazos de una cosa brillante y desaparecieron! ¡Se evaporaron! No puede ser sal, es hielo”. (¿No les había contado? El equipo de la misión le dio personalidad a la sonda Phoenix y hace que envíe mensajes via Twitter en primera persona). En la imagen se puede ver el antes y el después de la desaparición de los trozos brillantes, la evidencia de agua, según el equipo de la misión.
Un par de nombres: el agujero donde estaba el trozo brillante, de unos 35 centímetros de largo por 22 de ancho y seis o siete de profundidad, ha sido bautizado Dodo-Goldilocks. Y una nueva zanja, donde hay una capa dura que posiblemente sea hielo y de la que sacarán muestras con el brazo articulado para depositarla en alguno de los hornos y analizarla, para una prueba más contundente, se llama Snow White 2.
Los nuevos análisis darán más pistas sobre el estado de Marte para albergar vida (tal como la conocemos), y sobre la geología del planeta.
(fuente: Nature y Diario EL PAÍS)

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Ganadores de los Premios Locus 2008
Estos premios son elegidos anualmente por los lectores de la revista Locus, y el de este año se realizó ayer, en el Courtyard Marriott Hotel de Seattle. La escritora Connie Willis presentó a los ganadores:
Novela de Ciencia Ficción:
The Yiddish Policemen’s Union, Michael Chabon (HarperCollins)
Novela de Fantasía:
Making Money, Terry Pratchett (Doubleday UK; HarperCollins)
Libro para Jóvenes Adultos:
Un Lun Dun, China Miéville (Ballantine Del Rey; Macmillan UK)
Primera Novela
Heart-Shaped Box, Joe Hill (Morrow; Gollancz)
Novella
“After the Siege”, Cory Doctorow (The Infinite Matrix Jan 2007)
Novelette
“The Witch’s Headstone”, Neil Gaiman (Wizards)
Cuento
“A Small Room in Koboldtown”, Michael Swanwick (Asimov’s Apr/May 2007)
Colección de cuentos
The Winds of Marble Arch and Other Stories, Connie Willis (Subterranean)
Antología
The New Space Opera, Gardner Dozois & Jonathan Strahan, eds. (Eos)
No-ficción
Breakfast in the Ruins, Barry N. Malzberg (Baen)
Libro de Arte
The Arrival, Shaun Tan (Lothian 2006; Scholastic)
Editor
Ellen Datlow
Revista
F&SF
Editorial
Tor
Artista
Charles Vess
(fuente: LOCUS Online)

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Ciudades Virtuales y Literatura: Neuromante, Snow Crash y Accelerando
El escritor boliviano radicado en Estados Unidos Edmundo Paz Soldán presentó el siguiente texto, Ciudades Virtuales y Literatura en el evento “Nuevos pasajes; nuevos paseantes: narrativas de la ciudad en el mundo contemporáneo”, realizado el año pasado en Buenos Aires, y nos ha autorizado su reproducción en H2bl0g.
Rick Hoogestrat se casó el pasado mayo con Tenak Jackalope. Al hombre, de cincuenta y tres años, le va muy bien: tiene veinticinco empleados y es dueño de un centro comercial, una playa privada, una discoteca y un cabaret. El problema sin embargo, es que Rick vive en Arizona y no conoce en persona a Tenak; el nombre real de Tenak es Janet Spielman, una viuda de treinta y ocho años que vive en Canadá. La esposa de Rick en la vida real, Sue Hoogenstrat, se halla muy molesta con él. Rick pasa catorce horas al día en el mundo virtual llamado Second Life y dice que todo es un juego. Sue no le ve el lado cómico al asunto. Su esposo, después de todo, pasa más horas al día como Dutch Hoorenbeck, conversando con Tenak. A Sue le molesta que Dutch viva con Tenak en un departamento en Phantom Island, que ambos paguen la hipoteca juntos, tengan dos perros y se pasen horas en el centro comercial y paseando en motocicleta.
Es oficial: Second Life ha dejado de ser conocido sólo por los lectores de la revista Wired y se ha convertido en moneda común. El universo virtual creado por Linden Lab tiene ya nueve millones de habitantes y está siendo colonizado poco a poco por las grandes corporaciones: Adidas y Citibank, entre muchas otras, ya han abierto sus oficinas allí. La agencia de noticias Reuters tiene asignado un reportero permanente, y la campaña presidencial de Barack Obama cuenta con un buen número de seguidores que van de puerta en puerta virtual para expandir su base de votantes. La Filarmónica de Nueva York dará pronto allí su primer concierto, para doscientas personas. Hace apenas dos años todo esto era impensable, pero ahora se está llegando a un punto en el que, así como tener un carnet de identidad y un correo electrónico son parte imprescindible de la vida cotidiana, disponer de un “avatar” en Second Life será pronto el nuevo elemento sin el cual no podremos vivir.
Se podría especular hasta el cansancio qué es lo que lleva a gente aparentemente normal a descolgarse de la realidad para conectarse durante varias horas al día en un simulacro de realidad. Puede ser que, como dicen los científicos en estudios recientes llevados en cabo en la universidad de Stanford y en la de Washington, el cerebro del hombre simplemente no esté preparado para el siglo veintiuno, de modo que es incapaz de distinguir entre una experiencia virtual y una real, con lo cual todo vendría en el fondo a ser el mismo: la melancolía que experimentamos cuando nuestro “avatar” escucha, al lado de una fogata en la noche, una canción que nos recuerda a un gran amor, es similar a la melancolía que experimentamos cuando vamos de campamento en la vida real y, al lado de una fogata, escuchamos una canción que nos recuerda a un gran amor. También podríamos hablar hasta el agotamiento de las insatisfacciones de la vida real –la falta de emociones intensas, la rutina soporífera–, que nos lleva a buscar complementos y sustitutos en la vida virtual.
En este trabajo, lo que me interesa es explorar cómo un par de novelas de hace más de una década se atrevieron a imaginar algunos de los contornos del paisaje que se despliega hoy ante nuestros ojos, en el que las ciudades y los mundos virtuales comienzan a ser parte de la vida cotidiana de los habitantes de las ciudades reales; también quiero comparar a esas novelas con una más reciente. Las tres son de ciencia ficción: las dos primeras, muy conocidas, son Neuromancer (1984), de William Gibson, y Snow Crash (1992), de Neal Stephenson. La tercera es Accelerando (2006), de Charles Stross.
No quiero caer en el error común de valorar una obra de ciencia ficción simplemente por su destreza predictiva. Se suele juzgar a la ciencia ficción por su capacidad de imaginar el futuro; se mide a los escritores del género con la vara con que Victor Hugo pedía medir a los poetas: como profetas y visionarios. Nadie discute si Verne, Wells o Dick eran buenos escritores; cuando se habla de ellos, es inevitable discutir cuán acertadas o no fueron sus predicciones. Y sin embargo, quizás Verne, Wells y Dick no son importantes por ello sino porque fueron grandes narradores que, al imaginar el futuro, dejaron constancia de los sueños, ansiedades y pesadillas de la Francia del “siglo del progreso”, de la Inglaterra a fines de la era victoriana, del paranoico Estados Unidos de la “guerra fría”.
Lo que me interesa aquí entonces es ver cómo la ciencia ficción, aunque dice cosas del futuro, retrata sobre todo nuestro zeitgeist actual, y por ello nos puede ayudar a entender el presente. Si la literatura suele ser una suerte de laboratorio textual donde se experimenta con diversos modelos de relacionamiento interpersonal y de reconfiguración social, entonces quizás Neuromancer y Snow Crash sean buenos puntos de partida para empezar a entender este mundo nuevo en el que lo real se articula con lo virtual de maneras muy complejas, y se expande nuestra capacidad de percepción y sensación.
Neuromancer
La novela del canadiense-norteamericano Gibson, central en el canon de lo que en esos días vino a llamarse literatura cyberpunk, ocupa también un lugar privilegiado en el panteón de la cultura popular porque fue en sus páginas que apareció por primera vez la palabra ciberespacio, término que fue imaginado y definido por Gibson con notable precisión. En la novela, el protagonista principal, Case, es un “cowboy”, un mercenario cuyo trabajo consiste en pasar gran parte de su día en las ciudades virtuales del ciberespacio, tratando de robar información para quienes lo contratan.
Lo novedoso del trabajo de Case es que, a la manera de un oficinista de la dirección de impuestos o un empleado de banco, su trabajo no consiste en arriesgar su vida en las calles peligrosas donde los cowboys y mercenarios reales suelen desplegar sus actividades, sino en ingresar a un cubículo donde su vida suele estar a salvo. De hecho, en la imaginería de Gibson, los lugares desde donde uno se conecta al ciberespacio son análogos a “ataúdes”, blancos y de fibra de vidrio pero “ataúdes” al fin: así de estáticos, con la obvia sugerencia de una muerte en vida para Case.
Como dice Mauricio Montiel en La errancia, Walter Benjamin sugirió que “la ciudad era –y sería—el campo de acción del viajero contemporáneo, el territorio que sus pasos irían reconociendo día tras día para constituir un mapa móvil, en perpetua evolución, que se superpondría a los de los antiguos exploradores” (13). ¿Qué le pasa a ese viajero de la ciudad a fines del siglo XX y a principios del XXI? ¿Cómo ha evolucionado el mapa móvil de Benjamin? ¿Qué es lo que se explora hoy?
El primer elemento de cambio fundamental en la experiencia de la ciudad hoy es que el flaneur de Benjamin ya no necesita salir a la calle para hacer suyo el paisaje urbano, deambulando por parques y centros comerciales como si en ello se le fuera la vida. Case, con los electrodos conectados a su cabeza en el ataúd de fibra de vidrio, tiene un campo de acción diferente. Es un “constructo artificial” el que lleva a cabo las actividades de Case en esa “alucinación consensual” que es el ciberespacio.
Case no es un flaneur propiamente dicho, pero en su experiencia también se encuentra el deambular por la ciudad:
There seemed to be a city, beyond the curve of beach, but it was far away… The city, if it was a city, was low and gray. At times it was obscured by banks of mist that came rolling in over the lapping sun… He turned his head and stared out to sea, longing for the hologram logo of Fuji Electric, for the drone of a helicopter, anything at all… When he’d taken a dozen steps in the direction of the now invisible city, he turned and looked back through the gathering dark… He estimated that he’d covered at least a kilometer before he noticed the light. (225-26)
Parecía que había una ciudad más allá de la curvatura de la playa, pero estaba lejos… La ciudad, si era una ciudad, era baja y gris. A ratos la oscurecía la niebla que se deslizaba sobre el sol… Él giró la cabeza y miró hacia el mar, ansiando encontrarse con el logotipo en forma de holograma de Fuji Electric, con el ruido de un helicóptero, con cualquier cosa… Cuando hubo dado una docena de pasos en dirección a la ciudad ahora invisible, se dio la vuelta y miró hacia atrás a través de la creciente oscuridad… Concluyó que había recorrido por lo menos un kilómetro antes de percibir la luz.
Case puede caminar un kilometro sin moverse. La ciudad que aparece ante sus ojos no es la misma de la realidad, pues para experimentar su matriz debe ocurrir una “drástica simplificación de los sentidos del hombre” (54). Se trata de una “representación gráfica de datos sacados de los bancos de todas las computadoras en el sistema humano” (51). Cuando Case se mueve por las calles y se pierde entre la multitud, puede escuchar fragmentos de música y oler perfume y orín. Pero en ese viaje al ciberespacio, el cuerpo prácticamente desaparece –de hecho, los “cowboys” desprecian el cuerpo– y es visto en menos: todo se experimenta a través de la conciencia, del cerebro.
William Gibson no está de acuerdo con los analistas culturales que comparan las comunidades virtuales que han aparecido últimamente con la que aparece representada en Neuromancer. Hay, es cierto, una diferencia fundamental entre la Second Life de hoy y el ciberespacio tal como Gibson lo imaginó. En Second Life, el jugador está muy consciente de la diferenciación entre su realidad y la realidad de su avatar; no hay una “inmersión total”. En el ciberespacio de Gibson, se pierde esa diferenciación: cuando Case ingresa en el ataúd de fibra de vidrio, conecta los electrodos a su cabeza y hace el “flip”, el ciberespacio se convierte en la realidad de Case.
Snow Crash
En cuanto a la novela de Stephenson, Snow Crash, la realidad que allí se describe es mucho más similar a la experiencia que Second Life puede proporcionar que a la de Neuromancer. El protagonista, Hiro, ingresa al Metaverso desde el living de la casa que comparte con Vitaly Chernobyl. Lo único que necesita son auriculares y “goggles” –versiones sofisticadas de aquellos que se usan para la natación–. La computadora proyecta sonido en estéreo digital en los auriculares e imágenes en tercera dimensión en los “goggles”, de modo que Hiro no está en la casa sino en “un universo generado por computadora” (24). No hay un aislamiento total; cuando Vitaly toca la guitarra, Hiro la puede escuchar.
Stephenson menciona continuamente la relación que existe entre los dos planos en los que se mueve Hiro: el Metaverso, y la Realidad (escrita con mayúsculas). El Metaverso es una versión exagerada de la Realidad; allí siempre es de noche, y la ciudad es usada como un punto de comparación: Downtown, por ejemplo, es como “una docena de Manhattans” (26); la calle principal está generalmente ocupada por el doble de la cantidad de gente que vive en Nueva York.
El Metaverso se esfuerza porque los “avatares” que lo pueblan no “destruyan la metáfora” (36), es decir, mantengan la ilusión, no rompan el principio de verosimilitud. Hay reglas a seguir: por ejemplo, “El protocolo de la Calle señala que tu avatar no puede ser más alto que tú” ["The Street protocol states that your avatar can’t be any taller than you are"] (41); o: “materializarse de la nada (o desvanecerse de regreso a la Realidad) se considera una función privada que hay que dejar para los confines de tu casa”; ["materializing out of nowhere (or vanishing back into Reality) is considered to be a private function best done in the confines of your own house"] (36). Sin embargo, no siempre se siguen las leyes de la Realidad. En el Metaverso hay barrios donde las reglas básicas del tiempo y el espacio no funcionan, o lugares donde la gente puede dedicarse a matarse entre sí.
A diferencia del ciberespacio de Gibson, el Metaverso de Stephenson es un lugar hiperdesarrollado comercialmente. El Metaverso está controlado por GMPG (Global Multimedia Protocol Group); las grandes corporaciones que quieran hacerse de un lugar en el Metaverso deben primero conseguir la aprobación del GMPG. Así, el Metaverso funciona a través de las más darwinianas leyes de funcionamiento del mercado capitalista. Gente como Hiro ha conseguido un espacio gracias a que ha llegado primero.
Stephenson también insiste en que el Metaverso es, pese a sus reglas estrictas, un lugar para el desarrollo de las fantasías individuales. Esto puede verse en la forma en que los participantes del juego escogen a sus avatares: “Si eres feo, puedes hacerte de un avatar hermoso. Si te acabas de levantar de la cama, tu avatar puede seguir vestido con ropas maravillosas y maquillaje aplicado profesionalmente. En el Metaverso puedes lucir como un gorila o un dragón o un pene gigante y hablador”; ["If you are ugly, you can make your avatar beautiful. If you’ve just gotten out of bed, your avatar can still be wearing beautiful clothes and professionally applied makeup. You can look like a gorilla or a dragon or a giant talking penis in the Metaverse"] (36). Hiro, el “hacker”, es en el Metaverso un “príncipe guerrerro”: “cuando vives en un lugar de mierda, siempre puedes recurrir al Metaverso” (63).
Por supuesto, las fantasías también tienen su precio. Comprarse un “avatar” customizado es caro, por lo cual la mayoría de la gente debe recurrir a “avatares” que se encuentran en los estantes de las tiendas y cuyo diseño varía muy poco de uno a otro modelo; los más populares son Brandi, para las mujeres, y Clint, para los hombres. Además, si a uno se le da a elegir qué quiere ser en este mundo de fantasía, serán escasos los que decidan voluntariamente ser obreros o niños. Hay una preponderancia de actores y estrellas de rock.
Está claro que, si la cuestión económica importa tanto en el Metaverso, la diferenciación de clases y razas de las participantes suele ser obvia: la mayoría de los participantes son norteamericanos y asiáticos, y hay una alta concentración de gente con mucho dinero y que está muy al tanto de la moda. Si todos los avatares son guapos y relucinentes, tener uno muy rudimentario, en blanco y negro, como el de Juanita, una de las principales diseñadoras del Metaverso, se convierte en un gesto de rebeldía.
Stephenson se enfoca en la infraestructura de estos mundos virtuales de fantasía, y convierte a su novela en una aguda crítica social de la que está exenta la novela de Gibson. En Snow Crash, la plaga de la fantasía que aflige a las nuevas ciudades virtuales es la de un espacio restrictivo, en el que no hay libre acceso para todos, y en el que las diferencias económicas, de clase y raza terminan por jugar un papel preponderante en el triunfo social que uno pueda llegar a conseguir en el Metaverso. Se trata de una fantasía pesadillesca en la que no hay lugar para todos y en el que el determinismo social y el darwinismo económico parecen ganarle la partida a las buenas intenciones de crear un espacio virtual que permita la libre expresión.
Hiro, el flaneur del Metaverso, no es un hombre de extracción social acomodada; su suerte, aquello que le permite sobrevivir en el Metaverso, es su habilidad tecnológica. Es, como Case en Neuromancer, un hacker, alguien que se especializa en obtener información de todo tipo: “It may be gossip, videotape, audiotape, fragment of a computer disk, a xerox of a document” (21). Esa información obtenida es luego descargada en la Biblioteca –un lugar que solía contener libros y ahora sólo tiene muchos unos y ceros que pueden leerse a través de máquinas–; los clientes que quieran usar esta información deberán pagarle a Hiro.
Tanto Gibson como Stephenson sugieren que el gran material de oferta y demanda de los nuevos escenarios virtuales es la información. En “las alucinaciones consensuales” del ciberespacio y del Metaverso, ya no importan los objetos sólidos que eran valorados en las grandes ciudades del siglo XIX y el XX. Aquí lo que prima es la importancia que una determinada combinación de unos y ceros tenga en los futuros clientes. Para sobrevivir en estas ciudades, si uno no pertenece a la clase social privilegiada, deberá ser alguien que trabaja al margen de la ley valiéndose de sus habilidades tecnológicas. Case, el “cowboy”, y Hiro, el “príncipe guerrero”, son hackers, seres especializados en penetrar en lugares virtuales vedados a otros.
Accelerando (2006)
Termino con dos narrativas recientes relacionadas con estos mundos virtuales. Una pertenece a Cory Doctorow, la otra al inglés Charles Stross, dos de los principales escritores de la ciencia ficción contemporánea. En “Anda’s Game”, un cuento de Doctorow en el libro Overclocked (2007), lo que se hace patente es que en los mundos virtuales de hoy la división colonial del trabajo de otras épocas sigue vigente. El cuento trata de una fábrica maquiladora virtual: los obreros que reciben un sueldo miserable para pasarse muchas horas al día frente a la computadora haciendo actos rutinarios para conseguir puntos que permitan a los patrones comprar algunas de las vestimentas y armas preciadas por los jugadores de las comunidades virtuales (estas vestimentas y armas se pueden comprar luego en eBay). Mientras los jugadores se conectan al juego desde las grandes capitales de Occidente y en los países más desarrollados del continente asiático, las maquilas se instalan en países como México e Indonesia. Parecería que, en relación a ciudades y mundos virtuales, algunas cosas deben cambiar para que todo permanezca igual.
En cuanto a la novela de Stross, Accelerando (2006), aquí el principal personaje es Manfred Macx, un capitalista filántropo que se encarga de desarrollar tecnologías y luego permitir el libre uso de ellas. A diferencia de los personajes de Gibson y Stephenson, Macx vuelve a caminar por la ciudad, pero ahora lo hace con unos lentes –“goggles” también—que le permiten recibir continuamente información. Al comienzo de Accelerando, Macx acaba de llegar a Amsterdam:
Martes de un cálido verano, y él se halla en la plaza al frente de la Centraal Station con sus pupilas mirando a todas partes y los rayos del sol reflejándose en el canal, scooters y ciclistas kamikaze manejando a toda velocidad, y turistas cuchicheando por todas partes. La plaza huele a agua y suciedad y metal caliente y el humo exhausto de los convertidores catalíticos; suenan al fondo las campanas de los tranvías, y los pájaros vuelan sobre su cabeza. Él mira al cielo y coge una paloma, recorta la foto y la coloca en su blog para mostrar que ya ha llegado. (3)
Macx camina eufórico por Amsterdam, con el “dinámico optimismo de otra zona temporal, otra ciudad”. Pero no se trata sólo de la ciudad—de los punks y los barcos de turistas y los molinos que encuentra a su paso–, sino de lo buena que es su banda ancha, pues Macx, mientras camina, va, a través de sus lentes, escribiendo su blog y recibiendo información: “Sus canales se despliegan en una esquina de la pantalla, disparando información comprimida de prensa, luchando por su atención, peleando agresivamente frente al paisaje” (8). Así, mientras espera una invitación para una reunión de negocios, Macx se entera de que Rusia ha reelegido a un gobierno comunista y China se prepara para rehabilitar a Mao, y el gobierno de los Estados Unidos está lidiando con los problemas acarreados por la división de Microsoft en tres compañías (9).
En la novela de Stross, la biotecnología ha logrado la fusión del hombre con la máquina. Nuestro cerebro, nuestros órganos de percepción, todavía nos sirven, pero ahora funcionan ayudados por chips e instalados en nuestro cuerpo. Si los lentes se le pierden, Macx pierde la capacidad de entender todo lo que lo rodea.
Las fantasías de Gibson y Stephenson eran de su tiempo, de un momento histórico en que las computadoras portátiles no eran tan poderosas como eran hoy. Ahora, gracias a las conexiones sin cables, gracias a los chips sofisticados que se pueden encontrar en los iPods, cámaras digitales y celulares que llevamos a todas partes, los personajes de Stross vuelven, como imaginaba Benjamin, a deambular por las calles de las grandes ciudades. La única diferencia es que ahora llevan el ciberespacio o el Metaverso consigo, de modo que lo real termina fusionado con lo virtual.
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Accelerando de Charles Stross se puede descargar (en inglés) con licencia Creative Commons:
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