Los monstruos estaban llorando

Cuento bajo licencia Creative Commons (Reconocimiento-No comercial 2.5 Colombia)
© Hernán Ortiz, 2011 (hernan@proyectoliquido.net) / www.proyectoliquido.net/h2blog

Nota: Un viernes por la noche me estaba inventando una historia para María (6 años) y Tomás (4 años). La idea era usar las lágrimas de un monstruo para que se durmieran, un truco del psicoterapeuta Milton Erickson. Pero tuve un problema. Ellos estaban acostados en una cama, las luces apagadas, y yo suponía que tenían mucho sueño (ellos querían una historia para dormirse). Pero luego de narrar veinte lágrimas con voz lenta y profunda, María gritó: “¿Qué sigue?” Los dos niños tenían los ojos muy abiertos y esperaban ansiosos el final de la historia. Sin futuro como hipnotista, y gracias a la insistencia de Tomás y María –que al otro día le contaron la historia a los papás con mucho más detalle que el mío–, decidí escribirla.

 

Al principio yo lloraba y gritaba Mamáaaaa y ella llegaba corriendo y prendía la luz. Duh. No hay que ser un experto en monstruos para saber qué pasa cuando prendes la luz. Luego me decía “ya, sólo era una pesadilla”. Y a pesar de que le decía que no estaba soñando, que estaba viendo monstruos de verdad, ella insistía en que era mi imaginación. Después me daba un beso en la frente, apagaba la luz y salía del cuarto.
      Verdes, con la piel babosa y fría, no eran más grandes que mi cara. Estaban desnudos, pero gran parte de su cuerpo lo cubría una barba larga y blanca. Orejas como la punta de un tornillo, narices largas y puntiagudas, y sobre sus cabezas, sombreros con bocas que hacían ruidos. Cuando los monstruos me halaban el pelo y los pies, o me hacían presión en el pecho, no me dolía. Me reía.

Luego de unos meses, a pesar del esfuerzo que hacían por asustarme, les dejé de tener miedo. A veces gritaba, pero no era porque estaba asustado, sino porque no quería hacerlos sentir mal.
      Les dejé de tener miedo porque dormían conmigo. Mi mamá y mi papá siempre dormían conmigo, pero luego mi papá se murió y mi mamá dijo que yo ya estaba muy grande para dormir con ella.
      Antes de que aparecieran los monstruos, dormía solo. Ahora que mi papá estaba muerto, dormía acompañado. Tal vez mi papá estaba enviándome esos monstruos para que no me sintiera solo.

Una noche no aparecieron. Me había acostumbrado a verlos después de apagar la luz, pero ese día no estaban por ningún lado. No podía dormir, no podía quedarme quieto.
      Los busqué en el cuarto, debajo de la cama.
      No estaban.
      Detrás de la puerta.
      No estaban.
      En el closet, entre la ropa y los zapatos.
      No estaban.
      Abrí la ventana de mi cuarto y miré hacia el cielo. Las nubes tapaban la Luna y sólo se veía la luz débil de una estrella titilando.
      Salí de la casa sin hacer ruido y caminé con la linterna de luz azul que mi papá me regaló en un cumpleaños.
      Busqué en las materas de la entrada de la casa.
      No estaban.
      Caminé hasta el parque, iluminé los columpios, el tobogán, el lisadero, el pasamanos.
      No estaban.
      Salí corriendo hacia el bosque…
      En el bosque mi mamá no podía ayudarme. Los monstruos iban a aparecer porque ahora sí podían asustarme de verdad.
      Apagué la linterna –no hay que ser un experto en monstruos para saber qué pasa cuando prendes la luz– y caminé con cuidado. Había llovido el día anterior y mis pies se hundían en el pantano. No veía, pero escuchaba y sentía: grillos, murciélagos, y otros animales nocturnos que pasaban corriendo rápido por mis zapatos. Apreté la linterna apagada.
      Quería llamar a mi mamá, pero estaba muy lejos. No me escucharía.
      Quería llamar a mi papá, pero estaba mucho más lejos.
      Mientras caminaba, miré hacia el cielo, que parecía una cobija negra, y pensé que tal vez mi papá había apagado la estrella para que yo pudiera ver los monstruos.
      En un momento, mis pies dejaron de tocar el suelo.
      Me caía…
      En un momento, mis pies se doblaron.
      Hacía frío. Olía a tierra, me dolían los pies.
      Prendí la linterna, convencido de que los monstruos ya no iban a aparecer. Estaba en un hueco tan estrecho que sólo cabía un niño de mi tamaño. Hacia arriba solo se veía el cielo. Nadie sabía de mí. Me podía quedar atrapado para siempre…
      Y mientras miraba hacia el cielo, en lo alto, apareció una cara de monstruo. Dos caras de monstruo. Tres caras. Tenían los ojos semiabiertos y gruñían por la boca de los sombreros.
      Los iluminé. No hay que ser un experto en monstruos para saber qué pasa cuando prendes la luz, pero, ¿qué pasaba? Los monstruos seguían ahí. Les dije que me ayudaran a salir, pero no hablaron. Fruncieron el ceño baboso.
      Esta era su venganza por no haberme asustado en la cama. Y sin que nadie me pudiera ayudar, con miedo de verdad saliendo por mi garganta, grité…
      Grité, y una gota de agua cayó en mi boca.
      Apunté hacia arriba con la linterna. Las bocas de sus sombreros se lamentaban. Las gotas salían de sus ojos.
      Dos gotas.
      Tres gotas.
      Cuatro gotas…
      Y cada vez había más monstruos, cada vez más gotas cayendo. “¿Por qué están llorando?”, les pregunté.
      Cinco gotas.
      Seis gotas.
      Siete…
      Y mis pies se hundieron en el charco cada-vez-más-hondo de sus lágrimas. De repente me había llegado a la cintura, al cuello, y antes de que me llegara a la nariz, tomé un poco de aire…
      Mi nariz y mis ojos se hundieron. Iluminé hacia arriba con la linterna y a través del agua vi que los monstruos siguieron llorando, siguieron lamentándose hasta que las lágrimas taparon el hueco.
      En ese momento, uno a uno, empezaron a desaparecer.
      Al final quedó uno que había dejado de llorar y me miraba con una sonrisa en el sombrero.
      Mis pulmones se llenaron de agua. Sentía una ligera presión en la cabeza. El corazón me latía en los oídos.
      El monstruo levantó sus pequeñas manos e hizo un movimiento de natación.
      Solté la linterna y nadé, como me indicó el monstruo, hacia arriba.
      Nadé hasta que mi cabeza salió a la superficie.
      Tosí, escupiendo agua.
      Salí del hueco y me quedé en el piso, respirando.
      El monstruo me guiñó el ojo y desapareció, dejando una estela de luz hacia el cielo, hacia la única estrella en la oscuridad que titilaba con fuerza.

Llegué a mi casa. Me sequé, me cambié de ropa, me acosté.

Mi mamá no conoce la historia, y si se la contara, no me creería. Tampoco entendería por qué cada noche, antes de acostarme, abría la ventana de mi cuarto y me quedaba mirando hacia el cielo, buscando una estrella titilante.

 

SETI promete detectar vida extraterrestre para el 2032

Seth Shostak, astrónomo Senior de SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) predijo durante una conferencia reciente en San Francisco que “vamos a encontrar vida extraterrestre dentro de veinticuatro años”, según reportó Daniel Terdiman, periodista de CNET. Aunque es una predicción que tiene algunas condiciones:

La primera es el supuesto que hicieron investigadores de SETI de que el poder, rango y velocidad del Allen Telescope Array (ATA) con 42 antenas que están actualmente en línea y un total proyectado de 350 antenas, va a evolucionar hacia nuevas tecnologías capaces de distancias y velocidades insondables en la actualidad.  La segunda, un componente obvio, la financiación necesaria para desarrollar dichas tecnologías.

Paul Allen, co-fundador de Microsoft, ya aportó unos 25 millones de dólares al proyecto en varias fases, y ahora SETI necesita apoyos adicionales para realizar las mejoras planeadas:

Actualmente la capacidad de ATA es de alrededor de mil estrellas que se pueden ver simultáneamente. La próxima década le permitirá a los investigadores ver más de un millón de estrellas a la vez.

[Fuente: Futurismic, Physorg]
[Imagen: SETI]

The New Yorker, Jonathan Lethem y la ciencia ficción salpicando el mainstream

Hacía diez años que la revista The New Yorker no publicaba un cuento de ciencia ficción (exceptuando “Jon“, la genial sátira de George Saunders que se incluyó en su colección In Persuasion Nation –de la que leímos un cuento en Descarga Fractal– y que es la historia de un grupo de adolescentes encerrados en un centro comercial para hacer valoración de productos, ver publicidad y representar al segmento adolescente: las mujeres tienen cinturones de castidad en velcro y todos los adolescentes son animados para masturbarse en vez de tener sexo… pero una mujer, Carolyn, se las arregla para embarazarse. Bueno, volvamos a la noticia…) y este mes lo han publicado: Lostronaut por Jonathan Lethem.

El cuento, en forma de carta, es una conmovedora historia sobre astronautas con problemas en una estación espacial. Traduzco el inicio:

Queridísimo Chase,
Estoy tratando de “sentir” Noviembre, el tuyo y el mío. Haré un diorama imaginario, algo colegial, un intento por ganar una feria de la ciencia secreta del corazón: el Noviembre de Janice y Chase. Una miniatura mental por la que puedo mirar. (No le mencionaré este proyecto al Capitán, ni a los Rusos, ni a nadie más. Aquí arriba todos sabemos demasiado sobre los proyectos de los otros). ¿Ya está haciendo frío? ¿Manhattan está hermosa? ¿Ya pusieron el árbol de navidad, o es demasiado pronto? (Sé que odias el Rockefeller Center). ¿Vas alguna vez al jardín Chino en el Met, con la cascada borboteante, donde una vez fuimos y nos acostamos con las cabezas juntas sobre una piedra y nos quedamos dormidos? (No sé si yo quiera saber si vas sin mí o no, así que no respondas a esa pregunta). ¿Sueno como una estúpida? Perdóname, me estoy poniendo algo loca aquí arriba. Desde el escape –en realidad, explosión– del anticongelante, las cosas no han estado bien.   

Jonathan Lethem, al igual que Michael Chabon, es un escritor mainstream muy agradecido con la literatura de género (o deberíamos decir simplemente que es un escritor y punto). De vez en cuando publica ciencia ficción (durante los 90s publicó una serie de cuentos relacionados con realidad virtual e implantes neuronales) y algunos de sus ídolos son Philip K. Dick y Rod Serling. En la antología de celebración de los 30 años de la Asimov’s Science Fiction Magazine, Jonathan Lethem afirma que la primera vez que se sintió como escritor de verdad fue cuando publicó el cuento “The Happy Man” en una edición de 1991 de la revista Asimov’s, ya que le permitió hacer parte de la tradición norteamericana de revistas pulp. Y últimamente, no sé por qué, estoy viendo muchísimo a Lethem. Leyendo el libro Sound Unbound, una recopilación de artículos sobre música y cultura digital recopilada por DJ Spooky (que además incluye CD), junto a ensayos de Bruce Sterling, Cory Doctorow y Saul Williams, vi a Jonathan Lethem. Vi a Jonathan Lethem en la antología Feeling Very Strange (sobre el género/efecto literario Slipstream), en la antología Rewired (sobre el post-cyberpunk), y en la antología Generación Quemada. Y ahora en The New Yorker, una revista que ha sido muy prevenida con la publicación de historias de ciencia ficción, y que ahora flexibiliza su rigor editorial; un ejemplo más de que la ciencia ficción inevitablemente está salpicando el mainstream.

[Fuente: io9, The New Yorker]
[Imagen: The New Yorker]

El futuro de la ciencia ficción en New Scientist

La revista New Scientist publicó un especial sobre el futuro de la ciencia ficción.

La introducción plantea que en esta época la ciencia puede ser más extraña que la ciencia ficción, y que la literatura mainstream cada vez es más futurista y especulativa. El escritor y cosmólogo Marcus Chown se pregunta si la ciencia ficción está muriendo y resalta que “siempre y cuando el cambio sea parte integral de nuestras vidas, es muy probable que la ciencia ficción sobreviva”. También la revista hizo una encuesta sobre las mejores películas y libros del género, recomendó nuevos autores y publicó reseñas de las más recientes novelas de ciencia ficción.

Para el especial escriben los autores William Gibson, Margaret Atwood, Stephen Baxter, Ursula K. Le Guin, Kim Stanley Robinson y Nick Sagan.

Traduzco algunos apartes:

William Gibson:

- ¿El Futuro de la Ciencia Ficción? Estamos viviendo en él. Esos diagramas de “Historia del Futuro” en la contraportada de todos los libros paperback de Robert A. Heinlein, cuando yo tenía catorce años, tenían etiquetado el siglo 21 como los “Años Locos”. [...] Asumo que estamos en esa época.

- Lo más útil que he aprendido de la ciencia ficción es que todo momento presente, siempre, es el pasado de alguien y el futuro de alguien.

- Pocos años después de descubrir el diagrama de “Historia del Futuro” de Heinlein,  adopté automáticamente el dictamen de J.G. Ballard: “La Tierra es el planeta extraterrestre”, el futuro es práctimente ahora. El espacio exterior (tal como lo concebía la ciencia ficción) se volvió metafórico. Se convirtió en el espacio interior.

- Cuando empecé a escribir ciencia ficción, en mis veintes, me di cuenta que sólo podía dejar la Tierra de una forma tímidamente nostálgica, de órbita baja, migrando el futuro hacia diferentes construcciones emergentes, una que decidí llamar “ciberespacio”.

- Tomé por sentado que el momento presente siempre es infinitamente más extraño y complejo que cualquier “futuro” que me pudiera imaginar. Decidí que mi arte sería (durante un período) el de importar fragmentos vagamente extraños del presente-siempre-alienígena en “mundos” (como decimos en ciencia ficción) que aparentan ser “el futuro”.

Margaret Atwood:

- No toda la ciencia ficción es “ciencia” – en ella la ciencia ocurre para guiar el argumento, como herramienta, pero todo es ficción. Esta forma narrativa siempre ha estado con nosotros: solía ser la que tenía ángeles y demonios. Es el portal hacia la parte más oscura y también la más brillante del mundo imaginativo humano; un mapa de lo que más deseamos y también de lo que más tememos. Por eso es importante. Nos señala lo que haríamos si pudiéramos. Y cada vez más, gracias a la “ciencia”, podemos.

Ursula K. Le Guin:

- La ciencia ficción que pretendía mostrarnos el futuro no pudo arreglárselas con el presente. No pudo predecir la revolución electrónica, por ejemplo. Ahora que la ciencia y la tecnología se mueven incluso más rápido, gran parte de la ciencia ficción es en realidad fantasía con traje espacial: ilusiones sobre imperios galácticos y cibersexo – a menudo un poco reaccionaria. [...] Escritores como Geoff Ryman y China Miéville nos están mostrando el camino, o Michael Chabon, quién predijo el futuro para darnos un maravilloso presente alternativo en The Yiddish Policemen’s Union.

Stephen Baxter:

- Es verdad que muchos de los viejos sueños de la ciencia ficción ya han sido realizados, o eludidos. Y se siente como si estuviéramos viviendo en una época de cambios acelerados. Pero la ciencia ficción escasamente ha sido sobre la predicción de un futuro definitivo, ha sido más sobre las ansiedades y sueños del presente en el que fue escrita.

- La ciencia ficción es una forma de tratar con el cambio, de aprender sobre él, de internalizarlo.

Kim Stanley Robinson:

- La ciencia ficción ahora es simple realismo, la definición de nuestro tiempo. Por lo tanto podrías imaginarte el género convirtiéndose en otra cosa y desapareciendo. Pero las historias siempre estarán configuradas en el futuro, siendo este un espacio tan interesante, y hay una categoría de publicación dedicada a él. Así que hay un futuro para la ciencia ficción.

Nick Sagan:

- Nos han presionado para preocuparnos más por la ingeniería estética que por las maravillas de la ciencia (“¿qué tan cool es el nuevo iPod Touch?”). No hemos estado haciéndonos preguntas serias sobre el futuro de nuestra especie, preguntas que la ciencia ficción regularmente explora al mostrarnos lo mejor y lo peor de lo que podría ocurrir. Cuando el mundo se siente inspirado por una audaz iniciativa científica al nivel de un programa Apollo, digamos, energía renobable para proteger nuestro planeta del cambio climático, o una misión tripulada a Marte donde realmente pongamos los pies en otro mundo – entonces un resurgimiento radical en la ciencia ficción va a marcar el comienzo de una generación fresca de lectores, y el género se moverá en direcciones nuevas, emocionantes e inesperadas.

Anathem: asombrosa, admirable… ¿divertida?

Rodrigo Fresán publicó el pasado fin de semana una reseña de Anathem de Neal Stephenson en el suplemento Radar del diario argentino Página12. Una reseña que plantea que este nuevo monstruo de Stephenson es asombroso y admirable pero, a diferencia de sus anteriores creaciones, no es divertido. O es divertido sólo para sus más fervientes admiradores. Cito la parte en la que afirma esto, y recomiendo leer aquí toda la reseña.

El problema es que Anathem –obsesiva y meticuloso paseo por pasillos y claustros de una orden de clausura compuesta por científicos y matemáticos y filósofos de habla orthiana que de tanto en tanto se aventuran en un corrupto mundo exterior de shopping centers y casinos– es asombrosa y admirable, pero no es divertida. El otro problema de Anathem –acaso el más grave– es que en ella, por primera vez, Stephenson no es original. Y que sus influencias se volverán muy claras para el lector más o menos curtido en este tipo de fantasías.

[Imagen: Radar/Página12]

Generación Quemada: una antología de autores norteamericanos [reseña]

Como en Descarga Fractal hemos leído dos cuentos incluidos en esta antología, copio la reseña que publiqué en la Revista Arcadia en Mayo de 2006:

Seguirles el ritmo a los escritores de ficción que publican en Estados Unidos puede convertirse en un empleo de tiempo completo. Podrías leer el NY Times Review of Books, la revista New Yorker, los sitios web de las editoriales, visitar constantemente Amazon.com (con encargo incluido), y aún así no alcanzarías a leerlo todo: a la semana siguiente saldrían nuevos talentos. Antologías como The Vintage Book of Contemporary American Short Stories (preparado por Tobias Wolff), o la serie The Best American Short Stories (editada en el 2005 por Michael Chabon), reunieron relatos que más que contar buenas historias, revelan los sentimientos de toda una generación.

Generación que entre el ruido y la interferencia difícilmente se entiende a sí misma.

De ahí que la antología Generación Quemada (recopilada por los italianos Marco Cassini y Martina Testa de la editorial mimimum fax de Roma) haya sido creada desde el frío lente europeo. Una antología a la que se unió la novelista inglesa Zadie Smith, que escribió un prólogo en el que menciona la publicidad y la muerte como características obsesivas de estos nuevos escritores norteamericanos. Lo anuncia la cita de David Foster Wallace, que cuando le preguntaron sobre los sentimientos que le producía vivir en Estados Unidos, dijo: “Hay algo especialmente triste en esa vivencia, algo que no tiene mucho que ver con el mapa físico, ni con la economía, ni con ninguna de esas otras cosas de las que se habla en las noticias. Es más bien una tristeza que se siente en el estómago. Lo veo en mis amigos, y también en mí, de diferentes maneras. Es como si nos sintiéramos perdidos”.

Pero esa tristeza de la que habla Wallace (que está presente en todos los relatos de Generación Quemada) se acompaña de un humor negro que funciona como defensa contra los miedos contemporáneos.

Y nos encontramos a A.M. Homes con su famoso relato “Una verdadera muñeca”, donde el narrador se enamora de la Barbie de su hermana, y dice frases como: “Tenía la mano sobre sus pechos, aunque no era realmente la mano, sino más bien el dedo índice”, o “Le pasé la lengua una y otra vez por las palabras ‘copyright 1966 Mattel Inc., Malasia’ que llevaba tatuadas en la espalda”, o “me metí en la boca los pies y las piernas de Barbie y empecé a chupar”, y al final, en una inolvidable escena surrealista, el narrador eyacula sobre ella.

No muy diferente a lo que pasa en “Odontofilia” de Julia Slavin, en la que el narrador se enamora de una mujer a la que le crecen dientes por todo el cuerpo. “(El primero) Me pareció sexy: Una joyita alrededor del ombligo” y luego la lleva donde un médico con el que más tarde ella parece tener un romance, y tiene que volver a seducirla.

O “Cisternas” de Judy Budnitz (relato ganador del premio O. Henry) donde lo que crece en el cuerpo es el cáncer, mutándose de la mamá a la hija a la hermana, y viceversa.

Y si se trata de dispositivos para el cuerpo, ahí está George Saunders con “¡SÉ HABLAR!”, una carta de la empresa AmorDeNiño Inc que fabrica rostros artificiales para que los bebés supuestamente hablen, y digan frases como “QUIERO MELOCOTÓN” o “¡GUTEN MORGEN, PAPÁ!”, disculpándose con un cliente que no quedó satisfecho con el producto. O Jonathan Lethem con “Videoapartamento”, ambientada en un mundo donde la sobrepoblación hizo que la gente viviera en automóviles conectados a una realidad virtual que les da la sensación de espacio, y donde el dinero lo consigues injertándote un chip en el cerebro que te obliga a recitar slogans.

También hay relatos sobre un perro que escribe cartas, una profesora corrupta, una flaca suicida con alma de gorda, un brazo deforme, un bebé que se quema, un niño con dedos en forma de llave y centros comerciales invisibles, todo narrado desde un Apocalipsis Norteamericano que entendemos y contemplamos desde Sur América: un Apocalipsis virulento que inevitablemente nos contagió…

Descarga #9: “Una Verdadera Muñeca” por A.M. Homes

“La vida es increíblemente surreal. Especialmente donde vivo, la ciudad de Nueva York, donde ocurren las cosas más extrañas todos los días. Sólo tienes que estar consciente. Es parte de la tradición surrealista norteamericana. La mezcla extraña entre lo real y lo surreal.”– A.M. Homes

“Me gusta enseñarle literatura a los primíparos porque la ISB tiene una cantidad de estudiantes rurales que no están muy bien educados y no les gusta leer. Han crecido pensando que literatura significa cosas secas, irrelevantes y aburridas, como el aceite de hígado de bacalao. Es un privilegio poderles mostrar cosas más contemporáneas – la que siempre les leemos la segunda semana es un cuento llamado Una Verdadera Muñeca, escrito por A.M. Homes, del libro The Safety of Objects, sobre el romance de un chico y una muñeca Barbie. Es muy inteligente, pero en la superficie es muy retorcido y enfermizo y fascinante y real para personas que tienen 18 y hace cinco o seis años estaban o jugando con muñecas o siendo sádicos con sus hermanas. Ver a estos chicos descubrir que leer literatura a veces es un trabajo duro, pero que vale la pena y que leer literatura puede darte cosas que no puedes obtener de otra forma, verlos despertarse con respecto a eso es extremadamente genial.” — David Foster Wallace, 1996 [entrevista SALON]

Mientras escribo esto, las Barbies aún siguen en el carro. No las hemos devuelto. Ahí están, en su bolsa blanca, provocando a todos los que se montan atrás. “¿Y esas Barbies, qué?”, preguntan, así como preguntaron los asistentes a la sesión donde leímos Una Verdadera Muñeca, cuento de A.M. Homes. El Ken y las dos Barbies que estaban ubicadas en el espacio de la lectura son las que ahora están en la bolsa. No sé cuándo iré a devolverlos. Ya son como una familia que me acompaña a todas partes.

Los que no fueron a la lectura, pueden encontrar aquí una versión traducida por The Barcelona Review. Quienes lean en inglés, el original está publicado aquí. Nuestra propia traducción fue leída en la sesión. “Una Verdadera Muñeca” fue publicada originalmente en la colección The Safety of Objects (que fue adaptada al cine y que extrañamente nunca fue traducida al español), y se incluye en la antología Generación Quemada (de la que publiqué una reseña el año antepasado en la Revista Arcadia).

La música de fondo estuvo a cargo de Autolux y su álbum Future Perfect. La idea era que la música ambientara la conversación, pero, ¿de qué íbamos a hablar? Todos se quedaron en silencio. Era más elocuente Autolux cantando de fondo: “No hay tiempo para el auto-estima/Sonríele a la anatomía fría/Tómate tu pastilla de carbono esta noche”. Esta historia, no apta para niños, nos presenta a un adolescente obsesionado sexualmente con la Barbie de su hermana, haciendo hasta lo imposible para estar con ella: ambos hablan mal de Ken (en palabras de Barbie: “No sé si te habrás fijado alguna vez, pero tiene el pelo de plástico duro, pegado a la cabeza, de una sola pieza. ¿Te imaginas salir con un tipo así? Además, no creo que estuviera a la altura, tú me entiendes. Ken no está lo que se dice muy bien dotado… sólo tiene un bultito de plástico, una especie de montículo. Ya me dirás qué diablos se puede hacer con eso”), le da Coca-Cola Light a Barbie con pastillas de Valium (“De hecho, lo que utilizaba eran migas de valium, porque no había manera humana de dividir la pastilla en porciones tan pequeñas”) y le compra un piano de cola… hasta que, luego de ver la cabeza de Barbie y el cuerpo de Ken intercambiados, empieza a ver a Ken con otros ojos. El relato es tan bueno que, si me pongo a citarlo, terminaría transcribiéndolo todo.

En medio del silencio de la discusión, y considerando el nombre del relato, pensé en otra dinámica: ¿qué tal entrar al sitio web REALDOLL.COM y configurar una muñeca entre todo el grupo como simulacro de compra? Entre todos logramos elegir tímidamente un prototipo. Alguien dijo que ya había visto muñecas parecidas en Nip/Tuck, y todos quedaron impresionados por el realismo (“hey, ¿en serio no son personas?”, insistía alguien).

Pero esto no fue suficiente para cerrar la sesión. Aún quedaba tiempo, y la historia que tenía bajo la manga no iba a hacer que hablaran, pero sí los haría reaccionar. Y obviamente lo hizo. Imposible que no: 73 personas se habían desmayado en lecturas públicas al escucharla. Me refiero a Guts de Chuck Palahniuk (escritor de Fight Club), una historia visceral sobre adolescentes y experimentos fallidos de masturbación. Hay una traducción de este cuento aquí, en el Suplemento Radar. Durante la historia hubo risas, y caras de asco, y al final, silencio, pero esta vez acompañado del sonido del timbre que nos sacaba de la biblioteca. Fue cuando entramos al ascensor que realmente empezó la conversación. Y cuando nos quedamos hablando abajo, casi una hora, hasta que casi cierran la universidad. Y la conversación incluso continúa. En serio. Pregúntenle a mi nueva familia…

[Fecha: 18 de Septiembre de 2008]
[Foto: Nicolás Peñaloza]

A.M. Homes nació en 1961 en Washington D.C, y es una de las escritoras norteamericanas más reconocidas en la actualidad. Ha publicado seis novelas, dos colecciones de cuentos, y tres libros de no-ficción. Dos de sus novelas, “Jack” (que escribió cuando tenía 19 años) y “La Seguridad de los Objetos”, han sido adaptadas a cine, y otras tres están en producción. Ha trabajado en televisión como guionista y productora del programa The L Word y está desarrollando una serie para HBO. Su trabajo ha sido traducido a 18 idiomas, y es colaboradora frecuente de Art Forum, Harpers, Granta, McSweeney’s, The New Yorker, The New York Times, y Zoetrope. Es editora colaboradora de las revistas Vanity Fair, Bomb y Blind Spot, y su cuento “Una Verdadera Muñeca”, es considerado por muchos críticos como uno de los cuentos más importantes de la literatura contemporánea norteamericana.
Foto: © Heather Conley, 2003

Tim Brown: el poderoso vínculo entre juego y creatividad

Tim Brown, CEO de la empresa de “innovación y diseño” Ideo, presentó en TED este año, como parte de la conferencia Serious Play, una charla sobre el vínculo entre pensamiento creativo y juego, con ejemplos que se pueden aplicar en casa (como envolver a sus hijos en papel de aluminio)


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HERNÁN ORTIZ. Co-fundador de encuentro Fractal y Proyecto Líquido. Trabajo con historias. E-mail: hernan (arroba) proyectoliquido.net
Twitter: @hernanpl

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