[Fractal'10] Charla: “Cerebro, arte y creatividad” por Dra. Patricia Montañés

La octava charla de Fractal’10, “Cerebro, arte y creatividad“, estuvo a cargo de Patricia Montañés, Neuropsicóloga y doctora en Neurociencia Cognoscitiva que dirige el área de neurociencia de la conducta en la Universidad Nacional de Colombia e investiga temas como memoria, Alzheimer, arte y creatividad.





[Fractal'10] Charla: “Lo que nos diferencia de los demás animales” por Dr. Francisco Lopera

La segunda charla de Fractal’10, “Lo que nos diferencia de los demás animales” estuvo a cargo del doctor Francisco Lopera, director del Grupo de Neurociencias de Antioquia, quien habló sobre el papel del lenguaje en la percepción del mundo.



[Fractal'10] Charla: “Neuroingeniería” por Juan Guillermo Lalinde

La quinta charla de Fractal’10, “Neuroingeniería“, estuvo a cargo del ingeniero y matemático Juan Guillermo Lalinde, quien habló sobre las diferencias entre ciencia e ingeniería, las interfaces máquina/sistema nervioso y las posibles aplicaciones de este campo: miembros artificiales controlados directamente por el sistema nervioso, filtros de las señales nerviosas para aliviar el mal de Parkinson, e incluso, la eventual replicación de la mente humana en un computador.



[Fractal'10] Charla: “Programando ADN para diversión, arte y necesidades humanas” por Joey Davis

La cuarta charla de Fractal’10, “Programando ADN para diversión, arte y necesidades humanas”, estuvo a cargo del PhD en Biología del MIT e ingeniero de Ginkgo BioWorks Joey Davis, quien presentó el tema de la biología sintética y las posibilidades que ofrece para el futuro.



[Fractal'10] Charla: “El Futuro es Ahora” (sobre William Gibson) por Paul D. Miller aka DJ Spooky That Subliminal Kid

La tercera charla de Fractal’10, “El Futuro es Ahora”, estuvo a cargo del compositor, artista multimedia y escritor Paul D. Miller aka DJ Spooky That Subliminal Kid, quien habló sobre la obra de William Gibson, el padre de la literatura cyberpunk.



[Fractal'10] Charla: “Nadie Puede Alucinar ni Soñar sin Cerebro” por Dr. Francisco Lopera

La segunda charla de Fractal’10, “Nadie Puede Alucinar ni Soñar sin Cerebro” estuvo a cargo del doctor Francisco Lopera, director del Grupo de Neurociencias de Antioquia, quien habló sobre el papel del cerebro en la percepción del mundo.



“22″ anotado en un papel

La semana pasada anoté “22″. Anoto cifras que leo — a veces son útiles y a veces tan irrelevantes que si no las uso en una semana las boto a la basura. Pero esta vez sólo anoté la cifra, no a qué se refería. Seguramente mientras la escribía, algo me interrumpió (en mi casa suelen entrar murciélagos y mariposas negras por la noche que tengo que sacar con escoba), así que no sé, pero creo que era algo relacionado con ebooks.

 

Googleé “22″ + “ebooks” y encontré que el iPad tiene el 22% del mercado de ebooks, según reveló recientemente Steve Jobs en el WWDC de San Francisco. Esta cifra sugiere que el iPad (que por cierto llegará el próximo mes a Colombia) está cambiando agresivamente el mercado de ebooks. Tengo anotado en otro papelito que en Estados Unidos el mercado de ebooks ha crecido un “127.4%” en Abril y un “217.3%” en lo que va del año, según la AAP (a diferencia de las ventas de libros impresos, que cada vez siguen bajando más), y supongo que parte de esto también se debe al Kindle. En una entrevista, el presidente de Amazon Jeffrey P. Bezos, dijo: “Tenemos 125,000 títulos de libros disponibles para Kindle. Cuando observas las ventas de libros físicos de Amazon de esos mismos títulos, las ventas de Kindle ahora son más que el 6% de las ventas totales.”

De esa misma entrevista me gustó mucho la metáfora del caballo, para explicar la fascinación de la gente por el libro físico vs. el digital:

Estoy seguro de que la gente ama a los caballos. Pero no vas a ir al trabajo en caballo sólo porque lo amas. Nuestra tarea es construir algo que sea mejor que un libro físico. La razón por la que amamos un libro físico es porque hemos tenido tantas experiencias buenas con ese objeto en nuestras manos que hemos creado asociaciones agradables.
No estamos tratando de desplazar el amor de la gente hacia el objeto físico que es el libro. Es una invención santificada. Lo que hay que tener presente es que lo realmente importante no es el recipiente, es la narrativa. La lectura de largo aliento es importante para nuestra sociedad.

Pero bueno, aunque esto suena muy interesante, no es lo que yo anoté. ¿Qué sería ese 22? Seguí buscando. Encontré que según un estudio de la empresa de investigación de mercado Nielsen, el 22% del tiempo total de internet pertenece a las redes sociales: gente comentando, compartiendo, enlazando, taggeando, etc. El reporte dice que es la primera vez en la historia que las redes sociales o los blogs son visitados por 3 de cada 4 personas que entran a Internet.

Y esto también suena muy interesante, pero no es la razón por la que anoté 22. Si me pongo a buscar en Google tal vez nunca termine, pero no puedo dejar de hacerlo. Por alguna razón siento que ese número significa algo y no encuentro ninguna respuesta. Me siento incapacitado, como la bailarina de un capítulo de la Dimensión Desconocida que tiene pesadillas sobre una malvada enfermera que la invita a la morgue del hospital, ubicada nada más y nada menos que en la habitación 22.

Siento que Dios me ha abandonado, y cuando recuerdo que de hecho eso es lo que trata el Salmo 22, comprendo que no estoy tan lejos.

Por cierto, hay 22 letras en el alfabeto Hebreo, 22 caminos en el sefirot de la Kabbalah, y 22 es el número de la camiseta de Kaká, pero eso ya no tiene nada que ver. Necesito concentrarme.

22. Según la numerología es un número Maestro, de un poder vibracional muy elevado, también llamado Maestro del Nivel Espiritual. La numerología dice que la gente 22 siente como si viviera en dos mundos, uno que está abrumado por lo mundano, y el otro por lo fantástico. Eso parece describirme. ¿Seré 22? Posiblemente averigüé mi número según la numerología para hacer un chance, o algo así, y no me acuerdo. Supuestamente debo sumar individualmente los números de mi fecha de nacimiento: 4 + 8 + 1 + 9 + 8 + 2 = 3 + 2 = 5. Soy 5. No era eso entonces. De los 5 dicen: “Expansivo y sociable, de nuevas y visionarias ideas; de pensamientos rápidos, polifacético, curioso y explorador”.

Suena bien. Pero no olvidaré el 22. Me trajo buenas noticias sobre el iPad, los libros digitales y las redes sociales. Si de verdad soy 5, tal vez haya escrito sin saber el número del futuro y un buen post-libro deba combinar esos dos elementos.

[Foto: flattop341 en Flickr]



Libros para una nueva generación

[Versión completa del artículo que escribí para la revista Generación de El Colombiano, Domingo 13 de Junio]

Medellín, Junio de 2014

Cuando Mateo está leyendo un post-libro, el mundo a su alrededor desaparece. El iPad reconoce y rastrea el ojo de Mateo, que se detiene en palabras como “epinicio”, “lábil” y “contumelia”, y el diccionario del post-libro automáticamente se las define en el oído. Mateo también escucha por los audífonos música ambiental de la historia y efectos de sonido que cambian según el párrafo que lee.

El ojo de Mateo pasa por un párrafo que muestra la animación de un río donde las palabras flotan, se desvanecen, y vuelven a aparecer, en una escena en la que el protagonista se está ahogando. En otro párrafo, un dragón enfurecido persigue al protagonista y quema frases que, si no leíste rápido, te las pierdes. Cuando el protagonista pasa por la cuerda floja, Mateo debe sostener el iPad en una posición fija para que no se caigan las letras… hasta que el protagonista logra atravesarla. A veces los villanos de la historia aparecen sobre las letras para distraer su lectura, y Mateo, sacudiendo el iPad, debe hacerlos caer a un pozo. Todo esto ocurre cuando el post-libro lee el ojo de Mateo, y de acuerdo a la posición en la que mira, reacciona.

El ojo de Mateo pasa por un párrafo que activa un dispositivo de olor digital conectado al puerto USB del iPad. Cientos de cartuchos combinan aromas para “imprimir” el olor a bosque-después-de-la-lluvia: flores, hojas de eucalipto, tierra mojada. El protagonista debe encontrar a su novia perdida en el bosque, y Mateo debe abrirse paso entre los helechos que obstaculizan la lectura de la historia en la pantalla, apartándolos literalmente con los dedos. Al irse por el camino equivocado, Mateo se desvía de la historia original y entra a historias alternativas escritas por fans y autores invitados. O por un amigo suyo. O por él mismo.

Escenas más tarde, el ojo de Mateo pasa lento por los párrafos. El iPad se da cuenta de que Mateo se está cansando de leer, así que reduce la cantidad de texto, baja el volumen de la música ambiental y reproduce animaciones de algunas de las escenas que ya había leído.

Mateo no lee libros ni revistas ni cómics. Mateo no lee nada que esté en papel. Mateo dice que el papel es antiguo, aburrido y apagado, y no está tan interesado en lo que puede leer del libro sino en lo que el libro puede leer de él: en la forma en que el libro actúa dependiendo de cuándo él hace una pausa, qué se queda mirando, cuándo deja de leer. Mateo, al igual que sus amigos, solo lee post-libros.

El libro tal como lo conocemos (papel con letras impresas y pega) está obsoleto para Mateo. Aunque no para su papá, que le sigue comprando libros clásicos. El papá de Mateo cree que él no está leyendo libros de verdad, que esos “soniditos” y “olorcitos” y “muñequitos” no le van a estimular la imaginación. Que Mateo, en vez de leer, juega. “Él juega con ese aparatico,” dice, cuando Mateo está absorto mirando, tocando y sacudiendo el iPad.

Según la RAE, leer es “Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados.” Y eso es exactamente lo que está haciendo Mateo.

Mateo lee. Mateo sabe que no basta con la escritura para crear un buen post-libro. Mateo quiere ganarse la vida escribiendo historias, y para aprovechar los medios de su época debe buscar artistas de fragancias y diseñadores y programadores y animadores y músicos. Mateo quiere que todos estos elementos se complementen naturalmente para que el post-libro sea tan bueno que sus lectores quieran crear escenas nuevas en medios diferentes: celulares, redes sociales, blogs, podcasts, cine online. Historias transmedia. Historias que no son libros sino aplicaciones. Post-libros.

Mateo no necesita enviar manuscritos o demos de su post-libro a una editorial para que un par de editores lo aprueben o lo rechacen. Mateo publica su propio libro y lo comparte con su propia red. Su red es la que lo edita. Su red es la que lo aprueba. Su red es la que paga y aumenta el universo de la historia.

Mateo cree que puede hacerse rico vendiendo post-libros, irse de su casa e independizarse. Mateo cree que su papá no entenderá cómo lo hizo y le decomisará el iPad. Mateo sonríe al imaginarse que mientras está en el colegio, su papá sujetará el iPad con sospecha, como si el aparato fuera el delincuente que condujo a su hijo por un mal camino. Y se imagina que su papá luego intentará prender en vano el iPad ignorando que, aunque es el papá, su retina, su voz y su forma de caminar no son iguales a las de Mateo.

Medellín, Junio de 2010

A Mateo no le gustaba leer. Mateo iba a cine. Mateo se había visto muchas veces Alicia en el País de las Maravillas. La primera vez se estaba quedando dormido, pero la película se puso buena después de que Alicia se cayó al hoyo. Cuando salió el DVD, el papá se lo compró, y a la quinta vez de vérsela, Mateo ya se había aprendido todos los diálogos de la película.

El papá de Mateo, que tenía que viajar a Estados Unidos, le había preguntado qué le traía y Mateo le había dicho: “un iPad”. Algunos de sus amigos tenían iPad. Después de que el papá llegó, Mateo le pidió prestada la tarjeta de crédito para registrarse en el App Store y comprar el libro de Alicia para iPad. “Es para una tarea,” le dijo, como si fuera verdad.

Mateo lee, y la ilustración de Alicia que acompaña el texto empieza a crecer luego de comer ciertas tortas o beber ciertas botellas. Mateo lee, y en la ilustración de Alicia aparece el Gato Cheshire pestañeando y la Oruga Azul fumando. Mateo lee y sacude el iPad y Alicia, el Sombrerero y el Conejo Blanco tiemblan en la fiesta del té. Mateo puede tocar el iPad. Mateo puede cambiar el ángulo del iPad. Mateo puede escuchar el iPad. Mateo, al que no le gustaban los libros, ahora está leyendo.

***

Aunque Mateo es ficticio, la tecnología de la diseño-ficción para 2014 ya existe. La parte en la que el libro sabe qué está leyendo Mateo y hace ajustes en tiempo real es muy similar al Texto 2.0, desarrollado por científicos del Centro de Investigación Alemán de Inteligencia Artificial (en Alemán, DFKI). Ellos mezclaron unidades del eye tracking de la empresa sueca Tobii (se especula que Apple compró unidades para una próxima versión del iPad), y otras tecnologías, para crear un plugin para navegadores de internet que permite texto aumentado (información como música ambiental o animaciones ejecutándose según el párrafo que leía Mateo) y lectura aumentada (como el diccionario que definía en tiempo real las palabras en las que se detenía Mateo). Aunque la tecnología del eye tracking (cualquier dispositivo que es capaz de medir cuándo alguien lo está mirando) aún es muy costosa y voluminosa, el desarrollo y la miniaturización de tecnologías similares indican que muy probablemente podríamos encontrarnos en el futuro cercano con dispositivos que la incluyen, de la misma forma en la que ahora se incluyen webcams.

La parte en la que digitalmente se activan aromas es muy similar a los experimentos olfativos que ha realizado la industria cinematográfica desde hace décadas. Walt Disney lo intentó para la película Fantasia (1938); Hans Laube, con el sistema Smell-O-Vision, para la película Scent of Mystery (1960); y la empresa japonesa NTT Communications, con su sistema de fragancias manipulado por internet, esparció aromas desde pequeños dispositivos instalados bajo las sillas del público en escenas claves de la película El Nuevo Mundo (2006). Un sistema más complejo que “imprima” fragancias no estaría tan alejado de la realidad. A pesar de algunos intentos fallidos (como el sistema iSmell, que es uno de los “25 peores productos tecnológicos de todos los tiempos” según PC World Magazine), los olores, en interacción con el texto, podrían aumentar la inmersión del lector en la historia.

Para Mateo era muy importante que los libros fueran aplicaciones. Que sus lectores pudieran ampliar el universo de la historia en diferentes medios. El pasado 25 de Mayo en el App Show de San Francisco, el demo de la empresa Subutai mostró que escritores de ciencia ficción como Neal Stephenson y Greg Bear estaban apuntando hacia esta dirección. Por medio de la aplicación The Mongoliad, se han reunido con artistas, coreógrafos de peleas, programadores, cineastas, diseñadores de juegos, entre otros, para producir un flujo de “para-narrativa y extra-narrativa no textual que le dará vida a la historia en formas satisfactoriamente únicas, y que no podría hacerse usando solamente un medio”. La historia, que consiste en una novela en serie, se estará publicando durante el transcurso de un año, y cuando esté en su mejor momento, le pedirán a los fans que se unan para crear el resto del mundo y contar historias nuevas. The Mongoliad, disponible a finales del año para iPad, iPhone, Android y Kindle, promete ser un experimento de tecnología, storytelling y creatividad colectiva que podría darle forma al futuro de la novela.

El papá de Mateo te diría que los ebooks nunca podrían reemplazar el libro. “¿Quién abraza un monitor?”, te diría. “Yo a mi libro lo pongo a pasear, no a una CPU”. Tú le dirías que puedes abrazar un iPhone y echarlo incluso en el bolsillo. Él te diría que “esa letrica chiquita no se puede leer”. Tú le sacarías un Kindle, que además de tener el tamaño de un libro se lee como el papel, y no cansa los ojos. Él lo consideraría, pero después de leer unos párrafos, te preguntaría por qué las ilustraciones son a blanco y negro, “como de periódico barato”. Entonces tú le sacarías un iPad. Ilustraciones a color. Lo puedes tocar. Lo puedes abrazar. “Interesante,” te diría, “pero la luz cansa.” Y justo cuando estás pensando que tal vez las próximas pantallas transflectivas estarán a la altura de un lector clásico como el papá de Mateo, él te diría: “y no se pueden tocar las páginas.”

La textura y el olor de las páginas, y las formas creativas en las que se pueden combinar diseño y materiales, pueden ser las fortalezas del libro físico en la era digital. Tal vez los únicos libros que valga la pena imprimir sean ediciones que exploten las ventajas de la impresión, en formas en las que incluso alguien como Mateo podría apreciar. El libro físico en la era digital debe tratarse como una escultura de historias, pensamientos, ideas… un lienzo donde artistas, escritores y diseñadores se unen para crear un objeto único y valioso.

Sin embargo, tal vez esté tratando de convencerme a mí mismo de que el tacto de una pantalla nunca podrá reemplazar las texturas de las hojas, o de que encontrar en una librería la novela que habías estado buscado por años es mucho más emocionante que entrar a un sitio web. O posiblemente se haya creado una brecha generacional, y así como a la generación de mi papá se le dificultó usar el computador, a mi generación se le dificultará aceptar nuevas formas de lectura.

Me convenceré a mi mismo de que los libros sin leer que guardo en mi biblioteca, y que tanto he cuidado, son los libros “de verdad”. Y aquí, ahora, mientras ustedes leen esto en papel, una generación de adolescentes como Mateo está “jugando con aparaticos”, creando historias en diferentes medios y leyendo las primeras versiones de unos libros que serán imposibles de imprimir.

[foto: Chris Harrison]
[texto: Hernán Ortiz]



[Fractal'10] Paul D. Miller (aka DJ Spooky That Subliminal Kid) dice…

Por los días de Fractal’10, Paul D. Miller (aka DJ Spooky That Subliminal Kid) estaba lanzando un blog en Big Think. Mientras íbamos en el carro hacia el hotel, él admiraba la arquitectura de algunos edificios de la ciudad, el estado de las carreteras, el clima. Me dijo: “He ido a muchos eventos, y créeme, lo que ustedes están haciendo en Fractal es único.” Luego sacó su iPhone, y mientras digitaba algo, dijo: “Sobre eso será mi primer post”.

Y esto fue lo que publicó el 29 de Abril:

I’m just getting on a flight from Medellín, Colombia. No, I wasn’t hanging out with drug lords, war lords, or Nazis who fled Germany after World War II. I was there for a conference on the near future called “Fractal.” Fractal is the acronym (in Spanish) for Ficción Realidad Arte Ciencia Tecnología América Latina (Fiction, Reality, Art, Science, Technology, Latin America), but it also stands for a very cool, interesting group of folks. I had first heard about Fractal from a friend, Bruce Sterling, the renowned science fiction author, and I was curious. Plus, it was occurring in one of the most infamous cities in the Southern hemisphere, so I was into the vibe.
Basically, the festival brings together all the things that I’m into: smart, progressive people doing smart, progressive stuff—with multi-culturalism as a core ingredient. The “Orquideorama” designed by Plan B Architects was a stunning venue, and above all, the idea of a festival based on Latin American issues in science fiction was incredibly appealing. You can find extra info on the conference here, on the Orquideorama here, and on Plan B Architects here.

[Foto: Tobin Poppenberg]



[Fractal'10] Fotos

Fotos de Fractal’10, en Flickr. Muchas gracias a Pixelgoomba y a Julián Castrillón. Otras fotos, tomadas por Juan Diego Gómez, pueden verse aquí.



El buzón

Feliz 2010, por Viviana Trujillo y Hernán Ortiz - Hecho con el Lite-WriteTienes un buzón en el cerebro. Específicamente, en la parte baja del hemisferio izquierdo. Todos tenemos un buzón en el cerebro y está en el mismo sitio. Ahora, mientras lees esta, y esta, y esta palabra (también esta) tus neuronas responden a un alfabeto de formas “recicladas” que conviertes en un código natural para el lenguaje. Buzón (o letterbox) es el nombre con el que el neurocientífico francés Stanislas Dehaene –autor del libro The Number Sense, y recientemente, Reading in the Brain– bautizó a la región del cerebro que reconoce las palabras visuales y les da sentido. Este matemático-convertido-en-neurocientífico y profesor en el Collège de France, dijo en una entrevista a Scientific American que aunque sus investigaciones sobre la lectura no han modificado para nada su forma de leer, lo han hecho más consciente de los milagros del cerebro. “Siempre me asombra cuando veo a los niños descifrar sus primeras palabras: el orgullo en su cara es un testimonio de las maravillas de la lectura”.

Cuando visitamos a Francisco Lopera, director del Grupo de Neurociencias de Antioquia, también fuimos conscientes de los milagros del cerebro. Vivi y yo lo esperábamos sentados en su oficina, rodeados de libros sobre lenguaje, Alzheimer y percepción. Una bata blanca con su nombre cubría el espaldar de la silla donde, cinco minutos después, se sentaría a conversar con nosotros sobre lenguaje y percepción. Sabíamos intuitivamente que la neurociencia era importante para Fractal’10, pero necesitábamos hablar con alguien que pudiera darnos respuestas. Los desarrollos en ficción, arte, ciencia y tecnología de una forma u otra nos invitan a reinventar el mundo, pero, ¿cómo percibimos y entendemos ese mundo?

La oficina de Francisco Lopera distorsiona el tiempo. Mientras nos hablaba de desórdenes neurológicos como la akinetopsia (incapacidad para percibir el movimiento), la prosopagnosia (interrupción selectiva de la percepción de rostros) o la palinopsia (alucinaciones visuales recurrentes), había pasado una hora en quince minutos. “Nadie puede alucinar ni soñar sin cerebro”, dijo, refiriéndose a la importancia del cerebro en la percepción. Nos contó la historia de un paciente con palinopsia que leyó el menú de un restaurante y lo siguió viendo aún después de ordenar, y de un paciente con prosopagnosia que no podía reconocer a su esposa por la cara, sino por la voz. “Tal vez podría dar una charla sobre cómo hace el cerebro para percibir el mundo”, dijo. Luego hablamos sobre lenguaje, sobre cómo surgió el lenguaje en la evolución, sobre si el lenguaje es un regalo de la cultura (Piaget) o de la naturaleza (Chomsky) y sobre los monos a los que les enseñaron a hablar con lenguaje de señas. “Lo único que nos diferencia de los demás animales es el lenguaje”, dijo, encontrando el título de su segunda charla.

Las charlas se presentarán el 24 de Abril en Fractal’10, un evento donde también se tratarán temas como creatividad, realidad aumentada, realidad mixta, neuroingeniería, bioingeniería, música, ciencia ficción, arte interactivo, cyborg antropología, cultura protésica, realidad consensual e hiperficciones, todas orientadas a la frase “reinventando el mundo”. Por cierto, si estás pensando en Abril de 2010, agradécele al buzón – él es el que permite darle sentido a este texto para que puedas visualizar el futuro. O pensar en el pasado…

… en el pasado, antes de que existiera la lectura, también existía el buzón (las evidencias sugieren que aunque el cerebro en su forma moderna tiene 200.000 años de antigüedad, la lectura sólo tiene 5.000 años). ¿Pero entonces cuál era su papel? En experimentos con analfabetos el Dr. Dehaene notó que antes de que el buzón respondiera a palabras, tenía una preferencia por imágenes de objetos y caras, así como pequeñas características presentes en los contornos de formas naturales (como la “Y” en las ramas de los árboles). La hipótesis del Dr. Dehaene es que nuestras letras emergieron de reciclar esas formas en un nivel cultural. El cerebro no tuvo suficiente tiempo de evolución “para” la lectura – entonces los sistemas de escritura evolucionaron “para” el cerebro; lo que hace que la lectura sea una especie de hack al cerebro: el buzón evolucionó a hacer una cosa (la agudeza visual necesaria para, por ejemplo, rastrear animales) y fue llevado a hacer otra (leer).

Sea ese el caso o no, el hecho es que en este preciso momento estás leyendo algo que fue escrito palabra por palabra. Es lo que podemos hacer hoy: leer y escribir textos. Pero mañana… tal vez otro hack al cerebro reemplace este tipo de lectura por tecnologías auditivas o pictóricas, interfaces cerebro-computador o interfaces cerebro-cerebro que compartan torrentes de información en cuestión de segundos.

Por ahora leemos y escribimos, y esto ya es más que suficiente para agradecerle al buzón. De hecho, leer y escribir fue lo que hicimos este año en Escritura Líquida.

Escritura Líquida es un taller de escritura sin figuras de autoridad donde buscamos encontrar una voz narrativa por medio de ejercicios colectivos y actividades personales. La idea había estado persiguiéndonos, pero huíamos de ella, sin la suficiente confianza para empezar.

En La dinámica de Proyecto Líquido, siempre han aparecido personas que nos han hecho creer en nosotros. Al principio fue Jeremy Robert Johnson, quien dijo estar definitivamente interesado y agradecido de que lo quisiéramos involucrar en nuestro primer proyecto Agua/Cero (cuando aún no se llamaba así). Luego fue James Patrick Kelly y John Kessel, quienes nos dijeron en Fractal’09 que deberíamos empezar nuestro propio Clarion (reconocido taller norteamericano, enfocado en los fundamentos de la escritura de cuentos de ciencia ficción y literatura fantástica, del que han salido escritores como Kim Stanley Robinson, Bruce Sterling, Kelly Link y Cory Doctorow). Cinco meses después, bajo la asesoría y compañía de John Kessel y Kij Johnson, empezamos nuestro propio taller (enfocado en escritura en general), que ha sido una de las mejores experiencias que hemos tenido en Proyecto Líquido.

Holo, el taller de creatividad para niños, también fue una de esas experiencias: así como el Dr. Dehaene se asombró al ver a los niños descifrar sus primeras palabras, nosotros nos asombramos al ver a los niños escribir sus primeras historias. Y más importante aún, al verlos asombrarse de ellos mismos con sus historias. Es algo que, aunque no seamos neurocientíficos, nos hizo más conscientes de los milagros del cerebro.

Otras personas muy importantes nos han ayudado a creer en nosotros: ustedes. Los buzones que le dan sentido a estas letras. Muchas gracias por estar ahí.

¡Feliz Navidad y 2010!

[Imagen: Viviana Trujillo, creada con The Lite-Write de Tangible Interaction]



Reunión de Fractal’10

Para quienes vivan en Medellín, Colombia, los invitamos este Sábado 15 de Agosto a las 4.00 PM a la primera reunión de Fractal’10, que realizaremos el 23 y 24 de abril del próximo año. Hablaremos sobre el tema elegido para el encuentro y la forma en que los interesados podrían vincularse.



Escritura Líquida

A partir de este miércoles 12 de Agosto, bajo la asesoría del escritor norteamericano John Kessel y la dirección de Proyecto Líquido, empezaremos el taller de escritura en LeBon Café (Medellín, Colombia). El taller, con sesiones de dos horas cada miércoles, va hasta Fractal’10 (finales de Abril del próximo año), donde los participantes tendrán la oportunidad de estar en una sesión privada con uno de los escritores invitados. El cupo máximo es de ocho personas. Las inscripciones están abiertas. La mensualidad es de $160.000. Para reservar, pueden escribir a escritura(arroba)proyectoliquido.net.

Taller de escritura de Proyecto Líquido

 

[Ilustración: Oscar González]



(fractal 09) Artículo en revista Locus

Los escritores James Patrick Kelly y John Kessel escribieron para la revista norteamericana Locus (Julio, 2009) un artículo (en inglés) sobre el encuentro Fractal’09. Pueden leerlo haciendo clic en las siguientes imágenes:

Artículo en la revista Locus sobre Fractal'09Revista Locus de Julio 2009

 

 

 



Moda Ficción

Versión completa del artículo que me encargaron para el especial de moda de la revista Arcadia (a propósito de Colombiamoda 2009), publicado como “Vestidos Inteligentes”.

Julio Verne, "De la Terre a la Lune"Uno de los acontecimientos más significativos en la historia de la moda tiene que ver con la ciencia ficción: la publicación en 1865 de “De la Terre a la Lune”, una de las primeras historias sobre la conquista espacial, escrita por Julio Verne. La importancia de esta obra –en una época donde los uniformes de los soldados se consideraban innovaciones tecnológicas– se debe a que los trajes espaciales que vestían los personajes de Verne, además de proponer nuevos retos para la imaginación de los diseñadores, cambiaron radicalmente la concepción de la moda: la ropa ya podía desempeñar tareas complejas y era indispensable para la supervivencia del hombre en su camino hacia mundos inexporados. Esta idea se difundió en revistas y novelas hasta la creación del género ciencia ficción, acuñado por el editor Hugo Gernsback en 1929, año en que el personaje de cómics Buck Rogers apareció en la revista Amazing Stories viajando al espacio, vistiendo un traje de metal parecido a una armadura con un casco de vidrio, con transmisores de radio y tanques de oxígeno. Y los diseñadores seguían tomando nota…

Diez años después, por motivo de la apertura de la Feria Mundial de Nueva York de 1939, la revista Vogue norteamericana le propuso a nueve diseñadores crear prendas basadas en visiones del futuro. El diseño de una sola pieza del norteamericano Gilbert Rohde (más reconocido por ser el pionero del diseño industrial) marcó un hito en la historia de la moda: una especie de traje espacial similar a un overol puesto por debajo de un armazón externo que incorporaba una amplia correa metálica, paneles de Plastiglas y un sombrero equipado con una antena transmisora. Rohde –cuya intención no era predecir estilos futuristas, sino pensar cómo sería la vida del siglo XXI– imaginó una prenda funcional que ahorrara tiempo por medio de una tela especial que no se arrugaba ni se ensuciaba, y cierres largos en vez de botones. Imaginó cables de cobre-berilio tejidos sobre el material, con la intención de regular la temperatura del cuerpo y cambiar de color. Y especuló que unas ondas de radio omega transmitidas desde una base de control podían calentar el cable e incluso cambiar el color de la tela. Las cadenas cromadas del armazón exterior del traje funcionarían como receptores de comunicación y la transmisión de ondas omega entre la base y el receptor de comunicación constituían un teléfono móvil análogo de dos vías.

La influencia de la ciencia ficción en la moda también es de dos vías. Este diseño fue publicado mucho antes de que el escritor Neal Stephenson describiera en su novela La era del diamante (1995) las “fabrículas”, unos pedazos de tela que –gracias a la nanotecnología– podían limpiarse automáticamente: “podías meter tu mano enguantada en el barro, y después de unos segundos estaría blanca”; antes de que George RR. Martin mencionara en la novela Muerte de la luz (1977) una “ropa de camaleón” que cambia de color y patrón para igualar sus alrededores; y antes de que el padre del cyberpunk, William Gibson, narrara en su novela Neuromante (1986) el “traje mimético de policarbono“, ropa que puede cambiar de color según imágenes pregrabadas o en tiempo real. La idea de regular la temperatura del cuerpo por medio de telas especiales se le ocurrió Frank Herbert en su novela Dune (1965), donde describió una “capa Jubba” que puede ser configurada para reflejar o admitir calor.

La Feria Mundial demostró que la moda también tenía la capacidad de incluir materiales de alta tecnología, y a partir de este momento empezó una relación íntima entre estas dos disciplinas, relación que en muchos casos estaba inspirada en obras de ficción científica, y en los años 60s, los diseñadores tuvieron la oportunidad de convertirlas en hecho científico.

Gracias al programa espacial norteamericano, la tecnología y la moda se fusionaron para desarrollar el traje espacial. La tarea de los diseñadores fue predecir cómo las superficies de la tela, capas, forros, metales y plásticos reaccionarían en el espacio exterior, teniendo en cuenta los cambios en la masa corporal (que requerían el ajuste automático de las telas) y los problemas de confort, bienestar físico y movilidad. A medida que se hacían más sofisticados, los trajes espaciales, al igual que el diseño de Rohde, regulaban la temperatura corporal, y estaban equipados con transmisores para enviar información sobre los signos vitales del astronauta. El color plateado y el brillo metálico característico de la era espacial (y usado por los diseñadores de moda de los 60s y 70s) no fue casualidad; surgió de la necesidad del uso de textiles cubiertos de aluminio de alto desempeño, que además tenían propiedades reflectivas.

BarbarellaYves Saint Laurent, André Courrèges, Pierre Cardin y Paco Rabanne fueron pioneros del aspecto de la “era espacial”. Esto les permitió expresar una imagen ultra-moderna y progresiva del futuro muy acorde con la cultura joven y callejera de los 60s. Paco Rabanne, arquitecto apodado por Coco Chanel como “el metalúrgico”, era reconocido por utilizar materiales experimentales y alternativos. Usó el aluminio para construir vestidos futuristas de cota de mallas tan minuciosamente realizados que asemejaban piezas de joyería en vez de ropa, y fue cuestionado muchas veces por sus trajes inllevables. En una entrevista realizada en 1967, respondió que sus vestidos eran: “vestidos manifiesto. En la moda, como en la literatura, hay manifiestos. Si se quieren conmocionar las mentes, hay que llevar muy lejos ciertas experiencias”. Recientemente, en el libro Tomorrow Now: When design meets science ficción (Mudam, 2008), Paco Rabanne dijo que no se considera futurista y que: “una moda de ciencia ficción tendría que estar hecha de tecnología imaginaria que no existe”. Sin embargo, reconoció la influencia de este género en su obra. “De niño, me saciaba la sed con novelas de ciencia ficción”, dijo. “Todas esas mujeres fantásticas que, aún recuerdo, vestían sujetadores de hierro y una cantidad de elementos metálicos. Fue un material y color que me inspiró profundamente”. Entre sus diseños de vestuario más reconocidos están los de James Fonda en la película Barbarella, y sus experimentos con metal, cuero, plástico, papel, plexiglás, vendas elásticas, láser y fibra óptica inspiraron los decorados de algunas películas de ciencia ficción de los años sesenta como los cascos articulados en la película de James Bond “Casino Royal“. Por su parte, Pierre Cardin hizo trajes estilo uniforme para hombres, con hombreras militares, y acentuó la colección con cierres asimétricos, cinturones de acero y broches plateados, diseños que se vieron reflejados en los uniformes de vuelo de los astronautas que orbitaron la tierra sin salir de la nave espacial.

Y con el desarrollo del traje espacial, la ciencia ficción del cine y la televisión anticipaba sociedades futuras donde todos los estilos de ropa convergían en uno solo. Series como “Star Trek” y peliculas como “2001: Una odisea del espacio” mostraron personajes con túnicas integradas a los dispositivos electrónicos de las naves espaciales, mostrando una visión genérica del futuro de la moda que posteriormente fue cuestionada por diseñadores de vestuario para cine como Michael Kaplan (diseñador de vestidos de películas como Blade Runner, Armageddon y recientemente, Star Trek), quien se preguntó por qué los habitantes de las “nuevas colonias” en películas futuristas solían vestirse con trajes griegos, romanos u egipcios, y Kym Barrett (diseñadora de los vestidos para la trilogía The Matrix) quien cambió el aspecto plateado y brillante del aluminio por el negro del cuero con el fin de cambiar las nociones preconcebidas sobre el futuro y fabricar trajes con los que la audiencia pudiera identificarse. Aunque de hecho en la historia de la moda, luego del plateado, llegó el plástico. La neoyoquina Deana Littell usó materiales de plástico para hacer una colección que incluía abrigos nocturnos incandescentes. Y Tiger Morse pasó del plástico a la psicodelia, mostrando vestidos electrificados que iluminaban, hechos de Mylar, vinilo y PVC.

Y como estos nuevos materiales cambiaban los procesos de producción, ¿dónde quedó la vieja técnica de tejer y coser? Paco Rabanne cambió la aguja y el hilo por el alambre y el alicate (aunque debido al costo, luego pasó a hacer vestidos desechables en papel). A las telas de Pierre Cardin, moldeadas y formadas al vacío, se les daba forma por medio de un láser. Y la cibercostura de Pia Myrvold hace uso de los escaneos corporales tridimensionales de los clientes enviados por e-mail para fabricar prendas hechas a la medida que se venden por comercio electrónico.

Todas estas tendencias iban hacia el mismo camino: la moda sin costura (Alexander McQueen dijo: “No veo la hora de hacer un traje sin costuras, donde simplemente te metes y listo”), la unión con otras disciplinas (arquitectura, física, química, literatura), y la relación a largo plazo con la tecnología.

La capa Jubba de la novela Dune, mencionada anteriormente, podía convertirse en hamaca o refugio, una idea que dejó de ser ficción cuando surgieron las prendas transformables elaboradas por diseñadores como Patrick Cox, Kosuke Tsumura, Lucy Orta y la empresa C P Company, retando las convenciones de la moda –como las chaquetas que se transforman en sillas inflables, en carpas, en camillas– y obligándola a trascender sus límites.

Las obras de otros diseñadores contemporáneos como Issey Miyake, Walter Van Beirendonck y Suzanne Lee, en vez de originarse en lo étnico, se basan en ciencia ficción. Esta última diseñadora, autora del libro Fashioning the Future, ha hecho realidad una idea que Stanislaw Lem exploró en su novela Retorno de las Estrellas de 1961: prendas que se transportan en un bote sellado y se aplican en forma de spray como si fuera crema de afeitar. Suzanne Lee planea utilizar este mismo método para limpieza por medio de telas en spray y telas curativas para bebés o ancianos, y dijo en una entrevista en el Design Week de México que ella no inventa un futuro, sino que trata de convertir en real lo que parece ciencia ficción.

Los accesorios de moda con sensores y la transmisión wireless también han pasado de la ficción a la realidad. En 1988, Bruce Sterling describió en su novela “Islas en la Red” unos tenis con indicador digital que mostraba el rendimiento físico. Y en 2006, Nike y Apple desarrollaron conjuntamente el Nike+iPod Sport Kit, que usa un sensor wireless para monitorear ritmo, distancia, tiempo y calorías quemadas mientras se camina o se corre.

Hussein Chalayan SS07, © style.comFinalmente la ropa será inteligente. En 1970, el británico J.G. Ballard describió en el cuento “Dile Adiós al Viento” una “biotela” que constantemente se adapta a la personalidad y necesidades de quien las viste, y en 2007, el diseñador Hussein Chalayan (uno de los primeros diseñadores en usar prendas inalámbricas que se activan por control remoto) se acercó a este concepto creando unos vestidos que se iluminan, se mueven y alumbran con infrarrojo; son vestidos que pueden cambiar completamente de un estilo a otro o dejar a la modelo desnuda. El plan de Hussein Chalayan es crear ropa que cambie de forma dependiendo de la locación. Tal como dijo en una entrevista realizada en 2007 por la revista Elle, “la moda se renovará a sí misma por medio de la tecnología. Habrá nuevas fibras, nuevas formas de hacer ropa… porque sin riesgos nada puede cambiar el mundo”.

 

[foto: style.com]
[texto: Hernán Ortiz]




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HERNÁN ORTIZ. Co-fundador de encuentro Fractal y Proyecto Líquido. Interesado en la ficción como laboratorio del futuro cercano, y punto de encuentro entre arte, ciencia y tecnología. E-mail: hernan (arroba) proyectoliquido.net
Twitter: @hernanpl

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