Shining Buddah
A partir de las imágenes de Visiones Futuristas del Futuro de Impactlab, hicimos un concurso en Twitter (@hernanpl). Los primeros que me dijeron sus imágenes favoritas ganaron su nombre en unas pequeñas historias inspiradas en esas imágenes. Los ganadores fueron Manuel (@manuelj), Laura Elena (@elenhie) y Sebastián (@Sepecat). Esta es la tercera historia, basada en la imagen “Dream inducers designed to enhance those middle of the night experiences”, con un Sebastián ficticio como protagonista.
El tipo de rasgos orientales que ven en la imagen conectado a la Dream Machine es Sebastián, un colombiano-japonés que solía elegir a sus novias por catálogo. Eso era en la época en la que tenías que hacer fila para entrar a su restaurante de comida oriental Shining Buddah. Ahora, meses después de que salubridad reportó que gran parte de las proteínas del restaurante las proporcionaban las ratas del sector, Sebastián está en dos lugares a la vez: en su cama, al lado de su esposa Karen, con quien está cumpliendo cinco años de matrimonio, y en Dubai, teniendo un romance onírico con Hariri, su amante y futura asesina.
Cuando Karen llegó del trabajo y vio a Sebastián dormido con los parches en la frente, supo que no habría celebración del aniversario. Lloró un rato, tomó un poco de Vodka y luego decidió que era el momento perfecto para alterarle el sueño (el técnico de ensamblaje en la aerolínea donde trabajaba como azafata le había indicado cómo). En su cama, se conectó desde una terminal de su portátil a un puerto libre de la Dream Machine, aumentó en diez el parámetro del nivel emocional de la película e insertó el código de un cuchillo debajo del código de la almohada de la habitación del hotel Burj Al Arab, donde Sebastián acaba de entrar con Hariri. Sebastián cree que está viviendo la aventura amorosa de su vida y que mañana va a despertar con su esposa-de-cinco-años al lado. Cree que su esposa-de-cinco-años estará brava por no celebrar su aniversario, pero él tiene una rutina preparada: le hará el desayuno, le llorará, le dirá que es un adicto, destruirá un par de discos inductores de sueño, le pedirá el favor de que lo ayude… y el mundo seguirá siendo igual. Eso es lo que cree Sebastián.
Cuando se hizo público lo de Shining Buddah, Sebastián perdió dinero, perdió clientes, perdió autoestima. Shining Buddah representaba todo lo que él había luchado por conseguir: sanarse de su adicción a los casinos, reconciliarse con su papá antes de que muriera de cáncer, sacar de las calles y las drogas a su mejor amigo, conocer a Karen. Shining Buddah era su hijo único, su símbolo mágico, su animal de poder, su identidad.
Así que han sido meses fatales para ambos. Meses donde una nube de drama los perseguía y les llovía encima cada que intentaban arreglar las cosas. Meses donde Sebastián regresaba a los casinos y ganaba suficiente dinero para poder comprar lo que su mejor amigo –que había vuelto a las calles y a las drogas– le vendió como la Dream Machine, su nueva adicción, su vía de escape, su nuevo símbolo mágico.
Ahora Sebastián podía ser dueño de un exitoso restaurante vegetariano en Dubai. Podía elegir a sus novias por catálogo y tener amigos a los que sí podía ayudar. Podía incluso almorzar con su papá muerto y tener un romance con la única mujer con la que realmente quería estar en su vida: Hariri, el nombre que Sebastián le puso a Karen en el mundo onírico.
Pero Karen no sabe. Karen sólo ve líneas de código y cree que Sebastián tiene una aventura con alguien más. Karen quiere terminar con todo esto y le asigna a Hariri la función de asesinato.
Hariri entra con Sebastián a la habitación de mármol, terciopelo y oro del hotel Burj Al Arab. Hariri le hace un baile árabe, mientras él se acuesta en la cama. Hariri se quita la ropa despacio y se acerca a Sebastián con movimientos musicales. Hariri se monta sobre Sebastián, le da un beso en la frente y desliza su mano sobre la almohada. Sebastián sonríe en los dos lugares. En su cama, mientras su esposa lo observa, y en Dubai, mientras Hariri le entierra el cuchillo en el corazón. Karen nota algo raro en la sonrisa de Sebastián. Le recuerda a cuando él estaba enamorado de ella. Esa sonrisa…. ella se había enamorado de esa sonrisa. Algo no cuadra. Karen le quita los parches a Sebastián y se los pone en su frente.
En la cama, Sebastián se despierta gritando.
En Dubai, Karen se convierte en Hariri.
En Dubai, Hariri está en una habitación con Sebastián, desnuda, con un cuchillo en la mano. Sebastián está muerto. Hay mucha sangre en la cama. Hariri está inmóvil y no puede dejar de llorar mientras trata de entender lo que pasó. Hariri ya no puede hacer nada por ayudar a Sebastián, es su asesina, y lo único que puede hacer ahora es deshacerse del cuerpo lo más pronto posible. Deja caer el cuchillo y logra vestirse como puede. Cuando vuelve a mirar a Sebastián, nota que él está en otra posición. La sangre de las sábanas ha desaparecido. El cuchillo está en la mano de él. La nube de drama llueve encima de ella… y mientras Sebastián se acerca con una sonrisa diferente en los dos lugares, Hariri sabe que esta será la peor noche de su vida…
[Imagen: Impactlab]
[Texto: Hernán Ortiz]
[Las otras historias: Raid D1sruptor y Faltan 13 libros para el 2009]
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Homenaje de Proyecto Líquido a J.G. Ballard
Este viernes 11 de Septiembre de 1.30 PM a 7.00 PM, en el Pabellón de la Alcaldía de la Fiesta del Libro y la Cultura que se realizará en el Jardín Botánico de Medellín, presentaremos un homenaje al escritor y visionario inglés J.G. Ballard, quien falleció el pasado 19 de Abril.
El homenaje consistirá en tres charlas donde se hablará de la relación entre J.G. Ballard y la música (la influencia en artistas que se inspiraron en sus novelas como Thom Yorke, Ian Curtis, Trent Reznor y Marilyn Manson), el cine (David Cronenberg y Steven Spielberg adaptaron “Crash” y “El Imperio del Sol”) y las artes plásticas (su afición por los surrealistas: Ernst, Delvaux, Dalí, Magritte); la proyección del texto “En lo que creo” de J.G. Ballard y la premiere del video “Impossible Man” con microhistorias protagonizadas por el maniquí-aviador Conrad, grabadas en paisajes “ballardianos” de Medellín.
El homenaje finaliza con la proyección de la película “Crash” (1996), dirigida por David Cronenberg.
J.G. Ballard nació en Shangai en 1930, estuvo preso en un campo de concentración japonés de 1943 o 1945 y llegó a Inglaterra en 1947. Por el conjunto de su obra, es considerado por muchos escritores y críticos, entre ellos Martin Amis y Christopher Priest, como una de las figuras más importantes de la literatura del siglo XX.
[Foto: Francisco Cárdenas]
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Reunión de Fractal’10
Para quienes vivan en Medellín, Colombia, los invitamos este Sábado 15 de Agosto a las 4.00 PM a la primera reunión de Fractal’10, que realizaremos el 23 y 24 de abril del próximo año. Hablaremos sobre el tema elegido para el encuentro y la forma en que los interesados podrían vincularse.
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Escritura Líquida
A partir de este miércoles 12 de Agosto, bajo la asesoría del escritor norteamericano John Kessel y la dirección de Proyecto Líquido, empezaremos el taller de escritura en LeBon Café (Medellín, Colombia). El taller, con sesiones de dos horas cada miércoles, va hasta Fractal’10 (finales de Abril del próximo año), donde los participantes tendrán la oportunidad de estar en una sesión privada con uno de los escritores invitados. El cupo máximo es de ocho personas. Las inscripciones están abiertas. La mensualidad es de $160.000. Para reservar, pueden escribir a escritura(arroba)proyectoliquido.net.

[Ilustración: Oscar González]
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(fractal 09) Artículo en revista Locus
Los escritores James Patrick Kelly y John Kessel escribieron para la revista norteamericana Locus (Julio, 2009) un artículo (en inglés) sobre el encuentro Fractal’09. Pueden leerlo haciendo clic en las siguientes imágenes:
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Moda Ficción
Versión completa del artículo que me encargaron para el especial de moda de la revista Arcadia (a propósito de Colombiamoda 2009), publicado como “Vestidos Inteligentes”.
Uno de los acontecimientos más significativos en la historia de la moda tiene que ver con la ciencia ficción: la publicación en 1865 de “De la Terre a la Lune”, una de las primeras historias sobre la conquista espacial, escrita por Julio Verne. La importancia de esta obra –en una época donde los uniformes de los soldados se consideraban innovaciones tecnológicas– se debe a que los trajes espaciales que vestían los personajes de Verne, además de proponer nuevos retos para la imaginación de los diseñadores, cambiaron radicalmente la concepción de la moda: la ropa ya podía desempeñar tareas complejas y era indispensable para la supervivencia del hombre en su camino hacia mundos inexporados. Esta idea se difundió en revistas y novelas hasta la creación del género ciencia ficción, acuñado por el editor Hugo Gernsback en 1929, año en que el personaje de cómics Buck Rogers apareció en la revista Amazing Stories viajando al espacio, vistiendo un traje de metal parecido a una armadura con un casco de vidrio, con transmisores de radio y tanques de oxígeno. Y los diseñadores seguían tomando nota…
Diez años después, por motivo de la apertura de la Feria Mundial de Nueva York de 1939, la revista Vogue norteamericana le propuso a nueve diseñadores crear prendas basadas en visiones del futuro. El diseño de una sola pieza del norteamericano Gilbert Rohde (más reconocido por ser el pionero del diseño industrial) marcó un hito en la historia de la moda: una especie de traje espacial similar a un overol puesto por debajo de un armazón externo que incorporaba una amplia correa metálica, paneles de Plastiglas y un sombrero equipado con una antena transmisora. Rohde –cuya intención no era predecir estilos futuristas, sino pensar cómo sería la vida del siglo XXI– imaginó una prenda funcional que ahorrara tiempo por medio de una tela especial que no se arrugaba ni se ensuciaba, y cierres largos en vez de botones. Imaginó cables de cobre-berilio tejidos sobre el material, con la intención de regular la temperatura del cuerpo y cambiar de color. Y especuló que unas ondas de radio omega transmitidas desde una base de control podían calentar el cable e incluso cambiar el color de la tela. Las cadenas cromadas del armazón exterior del traje funcionarían como receptores de comunicación y la transmisión de ondas omega entre la base y el receptor de comunicación constituían un teléfono móvil análogo de dos vías.
La influencia de la ciencia ficción en la moda también es de dos vías. Este diseño fue publicado mucho antes de que el escritor Neal Stephenson describiera en su novela La era del diamante (1995) las “fabrículas”, unos pedazos de tela que –gracias a la nanotecnología– podían limpiarse automáticamente: “podías meter tu mano enguantada en el barro, y después de unos segundos estaría blanca”; antes de que George RR. Martin mencionara en la novela Muerte de la luz (1977) una “ropa de camaleón” que cambia de color y patrón para igualar sus alrededores; y antes de que el padre del cyberpunk, William Gibson, narrara en su novela Neuromante (1986) el “traje mimético de policarbono“, ropa que puede cambiar de color según imágenes pregrabadas o en tiempo real. La idea de regular la temperatura del cuerpo por medio de telas especiales se le ocurrió Frank Herbert en su novela Dune (1965), donde describió una “capa Jubba” que puede ser configurada para reflejar o admitir calor.
La Feria Mundial demostró que la moda también tenía la capacidad de incluir materiales de alta tecnología, y a partir de este momento empezó una relación íntima entre estas dos disciplinas, relación que en muchos casos estaba inspirada en obras de ficción científica, y en los años 60s, los diseñadores tuvieron la oportunidad de convertirlas en hecho científico.
Gracias al programa espacial norteamericano, la tecnología y la moda se fusionaron para desarrollar el traje espacial. La tarea de los diseñadores fue predecir cómo las superficies de la tela, capas, forros, metales y plásticos reaccionarían en el espacio exterior, teniendo en cuenta los cambios en la masa corporal (que requerían el ajuste automático de las telas) y los problemas de confort, bienestar físico y movilidad. A medida que se hacían más sofisticados, los trajes espaciales, al igual que el diseño de Rohde, regulaban la temperatura corporal, y estaban equipados con transmisores para enviar información sobre los signos vitales del astronauta. El color plateado y el brillo metálico característico de la era espacial (y usado por los diseñadores de moda de los 60s y 70s) no fue casualidad; surgió de la necesidad del uso de textiles cubiertos de aluminio de alto desempeño, que además tenían propiedades reflectivas.
Yves Saint Laurent, André Courrèges, Pierre Cardin y Paco Rabanne fueron pioneros del aspecto de la “era espacial”. Esto les permitió expresar una imagen ultra-moderna y progresiva del futuro muy acorde con la cultura joven y callejera de los 60s. Paco Rabanne, arquitecto apodado por Coco Chanel como “el metalúrgico”, era reconocido por utilizar materiales experimentales y alternativos. Usó el aluminio para construir vestidos futuristas de cota de mallas tan minuciosamente realizados que asemejaban piezas de joyería en vez de ropa, y fue cuestionado muchas veces por sus trajes inllevables. En una entrevista realizada en 1967, respondió que sus vestidos eran: “vestidos manifiesto. En la moda, como en la literatura, hay manifiestos. Si se quieren conmocionar las mentes, hay que llevar muy lejos ciertas experiencias”. Recientemente, en el libro Tomorrow Now: When design meets science ficción (Mudam, 2008), Paco Rabanne dijo que no se considera futurista y que: “una moda de ciencia ficción tendría que estar hecha de tecnología imaginaria que no existe”. Sin embargo, reconoció la influencia de este género en su obra. “De niño, me saciaba la sed con novelas de ciencia ficción”, dijo. “Todas esas mujeres fantásticas que, aún recuerdo, vestían sujetadores de hierro y una cantidad de elementos metálicos. Fue un material y color que me inspiró profundamente”. Entre sus diseños de vestuario más reconocidos están los de James Fonda en la película Barbarella, y sus experimentos con metal, cuero, plástico, papel, plexiglás, vendas elásticas, láser y fibra óptica inspiraron los decorados de algunas películas de ciencia ficción de los años sesenta como los cascos articulados en la película de James Bond “Casino Royal“. Por su parte, Pierre Cardin hizo trajes estilo uniforme para hombres, con hombreras militares, y acentuó la colección con cierres asimétricos, cinturones de acero y broches plateados, diseños que se vieron reflejados en los uniformes de vuelo de los astronautas que orbitaron la tierra sin salir de la nave espacial.
Y con el desarrollo del traje espacial, la ciencia ficción del cine y la televisión anticipaba sociedades futuras donde todos los estilos de ropa convergían en uno solo. Series como “Star Trek” y peliculas como “2001: Una odisea del espacio” mostraron personajes con túnicas integradas a los dispositivos electrónicos de las naves espaciales, mostrando una visión genérica del futuro de la moda que posteriormente fue cuestionada por diseñadores de vestuario para cine como Michael Kaplan (diseñador de vestidos de películas como Blade Runner, Armageddon y recientemente, Star Trek), quien se preguntó por qué los habitantes de las “nuevas colonias” en películas futuristas solían vestirse con trajes griegos, romanos u egipcios, y Kym Barrett (diseñadora de los vestidos para la trilogía The Matrix) quien cambió el aspecto plateado y brillante del aluminio por el negro del cuero con el fin de cambiar las nociones preconcebidas sobre el futuro y fabricar trajes con los que la audiencia pudiera identificarse. Aunque de hecho en la historia de la moda, luego del plateado, llegó el plástico. La neoyoquina Deana Littell usó materiales de plástico para hacer una colección que incluía abrigos nocturnos incandescentes. Y Tiger Morse pasó del plástico a la psicodelia, mostrando vestidos electrificados que iluminaban, hechos de Mylar, vinilo y PVC.
Y como estos nuevos materiales cambiaban los procesos de producción, ¿dónde quedó la vieja técnica de tejer y coser? Paco Rabanne cambió la aguja y el hilo por el alambre y el alicate (aunque debido al costo, luego pasó a hacer vestidos desechables en papel). A las telas de Pierre Cardin, moldeadas y formadas al vacío, se les daba forma por medio de un láser. Y la cibercostura de Pia Myrvold hace uso de los escaneos corporales tridimensionales de los clientes enviados por e-mail para fabricar prendas hechas a la medida que se venden por comercio electrónico.
Todas estas tendencias iban hacia el mismo camino: la moda sin costura (Alexander McQueen dijo: “No veo la hora de hacer un traje sin costuras, donde simplemente te metes y listo”), la unión con otras disciplinas (arquitectura, física, química, literatura), y la relación a largo plazo con la tecnología.
La capa Jubba de la novela Dune, mencionada anteriormente, podía convertirse en hamaca o refugio, una idea que dejó de ser ficción cuando surgieron las prendas transformables elaboradas por diseñadores como Patrick Cox, Kosuke Tsumura, Lucy Orta y la empresa C P Company, retando las convenciones de la moda –como las chaquetas que se transforman en sillas inflables, en carpas, en camillas– y obligándola a trascender sus límites.
Las obras de otros diseñadores contemporáneos como Issey Miyake, Walter Van Beirendonck y Suzanne Lee, en vez de originarse en lo étnico, se basan en ciencia ficción. Esta última diseñadora, autora del libro Fashioning the Future, ha hecho realidad una idea que Stanislaw Lem exploró en su novela Retorno de las Estrellas de 1961: prendas que se transportan en un bote sellado y se aplican en forma de spray como si fuera crema de afeitar. Suzanne Lee planea utilizar este mismo método para limpieza por medio de telas en spray y telas curativas para bebés o ancianos, y dijo en una entrevista en el Design Week de México que ella no inventa un futuro, sino que trata de convertir en real lo que parece ciencia ficción.
Los accesorios de moda con sensores y la transmisión wireless también han pasado de la ficción a la realidad. En 1988, Bruce Sterling describió en su novela “Islas en la Red” unos tenis con indicador digital que mostraba el rendimiento físico. Y en 2006, Nike y Apple desarrollaron conjuntamente el Nike+iPod Sport Kit, que usa un sensor wireless para monitorear ritmo, distancia, tiempo y calorías quemadas mientras se camina o se corre.
Finalmente la ropa será inteligente. En 1970, el británico J.G. Ballard describió en el cuento “Dile Adiós al Viento” una “biotela” que constantemente se adapta a la personalidad y necesidades de quien las viste, y en 2007, el diseñador Hussein Chalayan (uno de los primeros diseñadores en usar prendas inalámbricas que se activan por control remoto) se acercó a este concepto creando unos vestidos que se iluminan, se mueven y alumbran con infrarrojo; son vestidos que pueden cambiar completamente de un estilo a otro o dejar a la modelo desnuda. El plan de Hussein Chalayan es crear ropa que cambie de forma dependiendo de la locación. Tal como dijo en una entrevista realizada en 2007 por la revista Elle, “la moda se renovará a sí misma por medio de la tecnología. Habrá nuevas fibras, nuevas formas de hacer ropa… porque sin riesgos nada puede cambiar el mundo”.
[foto: style.com]
[texto: Hernán Ortiz]
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(fractal 09) Video: “Cyberpunk & Post-Cyberpunk” por James Patrick Kelly & John Kessel
Video en dos partes de la que posiblemente fue la mejor charla del Encuentro Fractal’09: “cyberpunk y post-cyberpunk”, presentada por los escritores James Patrick Kelly y John Kessel.
[fractal'09] Cyberpunk & Post-Cyberpunk - James Patrick Kelly & John Kessel (intro: Paul Di Filippo) - Part 1 of 2 from Proyecto Líquido on Vimeo.
[fractal'09] Cyberpunk & Post-Cyberpunk - James Patrick Kelly & John Kessel (intro: Paul Di Filippo) - Part 2 of 2 from Proyecto Líquido on Vimeo.
[Lugar: Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín]
[Fecha: 6 de Marzo de 2009]
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(fractal 09) Paul D. Miller (aka DJ Spooky) habla sobre Bruce Sterling
Luego de inaugurar una escultura y composición en medio de la Plaza del Duomo, basada en los antiguos manifiestos de “futurismo” de Marinetti, Paul D. Miller (aka DJ Spooky That Subliminal Kid), artista conceptual, escritor y músico, preparó el siguiente video sobre Bruce Sterling para fractal’09:
[fractal'09] Paul D. Miller (aka DJ Spooky) about Bruce Sterling from Proyecto Líquido on Vimeo.
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(fractal 09) Video: saludo de David Brin
El video que preparó el galardonado escritor y científico David Brin –autor de El Cartero, Tierra y La Sociedad Transparente– para el Encuentro Fractal’09.
[Fractal'09] Greeting - David Brin from Proyecto Líquido on Vimeo.
David Brin también nos manifestó su interés por el proyecto. Dijo: “me emocionó mucho saber que van a realizar un evento como Fractal’09 en Colombia, como parte del emocionante renacimiento de su país y de Latinoamérica. No puedo pensar en algo que sea más valioso”.
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Holo: talleres para niños de Proyecto Líquido
Presentamos Holo, un taller de literatura enfocado en: creatividad (niños de 4 a 7 años) y tecnología (niños de 8 a 11). Empezamos el 15 y 16 de Julio en el Museo El Castillo de Medellín, Colombia ¡y las inscripciones están abiertas! Para más información nos pueden escribir a holo@proyectoliquido.net o aquí.
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Raid D1sruptor
A partir de las imágenes de Visiones Futuristas del Futuro de Impactlab, hicimos un concurso en Twitter (@hernanpl). Los primeros que me dijeron sus imágenes favoritas ganaron su nombre en unas pequeñas historias inspiradas en esas imágenes. Los ganadores fueron Manuel (@manuelj), Laura Elena (@elenhie) y Sebastián (@Sepecat). Esta es la segunda historia, basada en la imagen “Able to kill nano-bugs from 10 miles away”, con Laura Elena como protagonista.
En el mapa aún no aparece el tipo que conociste en la sección de mobiliario geolocativo. Cuando lo detectes, vas a esparcir el Raid D1srupt0r –que ahora incluye acción de pulso electromagnético– y matar los nanobots. Sus nanobots. Harás eso antes de abrir la puerta.
Aún desconfías de él, aunque las sensaciones –la dilatación de las pupilas, el latido acelerado del corazón, la respiración entrecortada– pudieron haber surgido naturalmente. Es posible que él no haya usado esa loción. Es posible que te haya gustado de verdad.
La nanotecnología se ha usado, entre otras áreas, en la medicina (localización y destrucción de células cancerígenas, dosis deliberada de droga en zonas específicas del cuerpo, coagulación de la sangre en heridas abiertas), en el mejoramiento de la calidad de vida (gafas con filtros para rayos ultravioleta, shampoos para el tratamiento del cuero cabelludo, condones femeninos en spray), y en el arte de las bromas (generación de ataques de risa lacrimosos, “estatua” por medio de la pérdida súbita de las funciones motoras, orgasmos espontáneos que se activan en lugares públicos). Estas últimas, debido a su capacidad para controlar la voluntad de un individuo, son tan ilegales como las armas.
¿Se acuerdan de esas lociones con supuestas feromonas que te hacían más atractivo sexualmente? Primero se vendieron de forma masiva, y luego, cuando la ciencia demostró que los seres humanos, a diferencia de los animales, no tenían feromonas, también se vendieron de forma masiva (muchas personas no aceptaron la idea de no poder hacer nada para ser más atractivas). Esto no sólo les permitió subsistir a las compañías que las fabricaban, sino también dedicar recursos a la investigación de nuevos productos. De ahí que años después una compañía lanzara al mercado negro la primera loción con nanoferomonas, máquinas a escala nanométrica que, al inhalarse, toman el control del sistema nervioso y aumentan la cantidad de dopamina y norepinefrina del cuerpo. Durante un período de quince segundos después de su aplicación, el comprador, usando el filtro nasal incluido (para evitar enamorarse de sí mismo o usarlo como droga psicoactiva) puede seducir a cualquier persona que esté dentro de un área de 10 metros.
Algunas personas no son conscientes de la influencia de las nanoferomonas, y simplemente creen que se enamoraron. Otras logran darse cuenta y se alejan. Otras se dan cuenta y se quedan. Y otras, como tú, no saben si lo que sintieron fue real o una manipulación truculenta de los centros de placer del cerebro.
Ese día en la sección de mobiliario geolocativo, descargaste los planos holográficos de tu casa y los algoritmos genéticos que habías programado para diseñar tus muebles. Luego, en la estación del lado, lo viste a él haciendo lo mismo que tú. Y sentiste atracción. No fue casual que al manipular el sofá orgánico de tu sala hacia la izquierda, lo sacaras del límite de tu espacio virtual y lo insertaras en su espacio. No fue casual que él haya hecho lo mismo. Ambos se querían conocer. Hubo una sonrisa tímida, un saludo y una conversación. Intercambiaron diseños, pagaron por el uso de las estaciones, e hicieron un trato antes de despedirse: al llegar a su casa, él fabricaría el mueble con su impresora 3-D, y cada que se sentara allí, te recordaría. Y tú, al llegar a tu casa, no harías nada. Él prometió hacerte la visita y enseñarte cómo hacerlo.
Tenías una excusa. Hace poco compraste tu propia impresora 3-D –el mejor modelo en el mercado– y sabes que tardarás toda una vida en pagarla. Pero no estás arrepentida: eres ingeniera de diseño, la impresora 3-D es tu herramienta de trabajo. Ya no te sientes mal por no haberla usado aún: fue la excusa perfecta para que él te visitara. Te imprimirá su diseño de mueble orgánico y te enseñará opciones nuevas que tú no conoces.
Prepárate. Llegará en pocos minutos.
Ese punto titilante que ves en el mapa es él. ¿No estás segura? Hazle zoom. Exacto. Te paras firmemente con las rodillas flexionadas en posición sumo, como si estuvieras matando cucarachas, y esparces el Raid D1srupt0r. Si al abrir la puerta aún sientes química, es verdad que el tipo te gusta. Puedes invitarlo a pasar. Si no, ciérrale la puerta en la cara.
Abres. Sientes un aleteo frío en el plexo solar. Una corriente cálida sube de tu espalda a tu cabeza. Hay micro-movimientos musculares en tus dedos. Te muerdes suavemente el labio inferior. Le sonríes con los ojos.
Te gusta. Es real. Le dices hola, con una sonrisa nerviosa pero decidida, y lo dejas pasar. Él entra confiado, como si ya te hubiera visitado antes. Ven, sentémonos antes de cambiarlo, te dice, llevándote de la mano hacia el sofá. Te gusta. Es real. En el sofá hablan de arquitectura. Él apoya su cabeza en el espaldar del sofá y, mirando hacia el techo, te dice que le encantaría tener una finca auto-sostenible con un diseño realmente orgánico. O sea, en forma de órgano. Tú te ríes. Normalmente no lo haces. Te gusta. Es real.
Al principio él era el que hablaba más y ahora la única que habla eres tú. Piensas que tal vez ya no le gustas. Odias los silencios incómodos, entonces le cuentas que duermes en el sofá porque el día que fuiste a comprar la impresora 3-D tuviste que regalar tu cama. No pudiste deshacerte de los proyectos de diseño de la universidad ni de las esculturas y modelos que tienes esparcidos por toda tu casa, y no había más espacio. Además, le dices, para qué cama, si en cualquier momento se puede imprimir una. Le haces un guiño y él recuerda la razón por la que vino.
Se levanta con dificultad del sofá. Arrastra sus piernas, como si llevara una bola de metal encadenada, y tiene que esforzarse para respirar. ¿Está así de aburrido? No quieres preguntarle qué le pasa, no quieres saber la verdad. Lo llevas de la mano hasta tu habitación. Él observa la impresora 3-D con detenimiento, como si fuera una obra de arte, y logra sonreír. Te dice que es la mejor impresora 3-D del mercado y que tienes que sacarle provecho. Te mira a los ojos –los suyos ya no brillan con la misma intensidad– y te dice que no se siente bien. Le preguntas qué siente, y te dice, despacio, en un tono muy bajo, que es como si estuvieran fallando sus nanobots. ¿Cuáles nanobots?, le preguntas. Los nanobots que controlan mi insulina, dice. Soy diabético.
Tratas de convencerte a ti misma de que se pondrá bien, mientras él cae de rodillas al piso y señala la impresora. Es hermoso, piensas, aún muriéndose y quiere enseñarme cómo usarla. Luego empiezas a procesar lo que está pasando: el Raid D1srupt0r destruye nanobots, sin importar cuáles sean. Como siempre, no leíste el manual. Él sigue señalando la impresora con una mano temblorosa. Observas bien, y lo que está señalando es una opción que no habías visto antes. Su mano cae al piso, y su abdomen deja de moverse. Te abalanzas sobre él: no respira, no hay pulso. Tratas de hacerle reanimación cardiovascular, pero es inútil. Estabas conteniendo el llanto, pero ahora, que no puedes hacer nada, lo dejas libre… dejas que las lágrimas caigan sobre él. Tal vez él logre sentirlas en algún otro plano. O tal vez, como en un cuento de hadas, las lágrimas lo revivan.
“ADN” es la opción que no habías visto antes en tu impresora 3-D. Te preguntas cómo funcionará. Dejas que tu cuerpo se mueva solo, tu mente en algún otro sitio. Le quitas una de sus largas pestañas y dejas que la impresora 3-D la escanee. En la pantalla aparece su código genético y una descripción de sus características: altura, edad, peso, color de ojos, inteligencia, capacidad atlética. También hay una lista de enfermedades. Tienes la opción de modificar alguna de las características, pero decides no hacerlo. Presionas imprimir en la pantalla. Te gusta. Es real.
[Imagen: Impactlab]
[Texto: Hernán Ortiz]
[Las otras historias: Shining Buddah y Faltan 13 libros para el 2009]
categoría: ciencia ficción y literatura fantástica | opiniones (3)
(fractal’09) Video: “Slipstream” por James Patrick Kelly & John Kessel
El video en dos partes de la inspiradora charla sobre Slipstream que los escritores James Patrick Kelly y John Kessel presentaron en el encuentro Fractal’09.
[fractal'09] Slipstream - James Patrick Kelly & John Kessel (intro: Sheila Williams) - Part 1 of 2 from Proyecto Líquido on Vimeo.
[fractal'09] Slipstream - James Patrick Kelly & John Kessel (intro: Sheila Williams) - Part 2 of 2 from Proyecto Líquido on Vimeo.
[Lugar: Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín]
[Fecha: 7 de Marzo de 2009]
categoría: Proyecto Líquido, arte y cultura, ciencia ficción y literatura fantástica | opiniones (0)
Faltan 13 libros para el 2009 [con la aparición especial de Gustavo Rojas Pinilla y Ray Kurzweil]
A partir de las imágenes de Visiones Futuristas del Futuro de Impactlab, hicimos un concurso en Twitter (@hernanpl). Los primeros que me dijeron sus imágenes favoritas ganaron su nombre en unas pequeñas historias inspiradas en esas imágenes. Los ganadores fueron Manuel (@manuelj), Laura Elena (@elenhie) y Sebastián (@Sepecat). Esta es la primera historia, basada en la imagen “Books with their finger on the pulse of the future”, con Manuel como protagonista.
Manuel… Manueeeel… ¡Despierta! Esta versión en carne y hueso de Gustavo Rojas Pinilla sentado en una silla mecedora y tomando tinto, existe. Ahí está, sobre tu libro de Historia Política de Colombia. No dudes de tus sentidos. Extiende la mano. Tócalo.
Lástima que tu cuerpo no obedezca. Lástima que no te puedas restregar los ojos con escepticismo, o cerrar el libro de un golpe.
No estás dormido ni despierto. Esa cuarta taza de tinto sin azúcar te funcionó al revés. Quieres cerrar el libro, pero no quieres matar al ex Presidente de la República. Te estás llenando de preguntas, y para conservar tu salud mental, no quieres que el ex Presidente simplemente desaparezca.
Planeas una estrategia. Primero le dirás que apoyas su Movimiento, que es el mejor presidente que ha tenido el país y que también te gusta el tinto sin azúcar. Luego lo observarás de pies a cabeza y le dirás que él está físicamente muy bien e intelectualmente mucho mejor que cuando asumió la presidencia el 13 de junio de 1953. A partir de ese momento él confiará en ti. Y podrás preguntarle cómo hizo para viajar en el tiempo, empequeñecerse, empequeñecer la silla mecedora, empequeñecer el tinto, y aparecer en un libro de Historia Política de Colombia justo en las páginas que hablan sobre él.
Empiezas a ejecutar la estrategia. Haces contacto visual con el ex Presidente. Él mantiene la mirada, y mientras se mece en la silla, sostiene majestuosamente el tinto. No ha derramado una sola gota, o las gotas son tan pequeñas que no se ven manchas en las páginas.
Tu cuerpo empieza a reaccionar. Eres consciente del libro sobre tus piernas. De que estás sentado contra el espaldar de la cama, las piernas estiradas, la sangre estancada. Eres consciente de tus manos. Las sientes grandes y poderosas, como si tuvieras guantes de béisbol. Quieres empezar a hablar, pero en vez de moverse tu boca, se mueven tus manos. Te restriegas los ojos con escepticismo. Recuerdas la segunda instrucción que le diste al cuerpo al despertar y no la puedes detener. Ni siquiera alcanzas a ver la cara de sorpresa del ex Presidente cuando recibe el golpe del libro.
Lo vuelves a abrir en la misma página: historia política de Colombia 1953-1957. Lo único que encuentras son letras e ilustraciones. Buscas en otras páginas del libro, pero no hay nada más. Piensas que tal vez todo fue un sueño. Tiras el libro por debajo de la cama. Apagas la luz. Duermes.
Manueeeel… ¡Despierta! Mira debajo de la cama. No está el libro de Historia Política de Colombia, pero sí Coping with Post-Singularity Depression escrito por Ray Kurzweil Jr. Ese libro existe, es real.
Tú ya estás despierto. Ya puedes mover el cuerpo. Si te pellizcas, duele. Agarras el libro y te lo llevas como acompañante al baño. Es tan liviano que parece flotar. Te miras en el espejo del baño para asegurarte de que en realidad estás despierto. Te sientas en el inodoro. Abres el libro, y ves en carne y hueso al experto en inteligencia artificial-inventor-futurista-empresario-científico-bla-bla-bla Ray Kurzweil. Luce igual a como estaba a finales del siglo XX, cuando hablaba de la Singularidad Tecnológica: ese momento en el que las inteligencias no-biológicas nos iban a igualar y a superar. Estamos en la post-Singularidad, y su voz (su experiencia, su inteligencia, su personalidad) ha sido transmitida a su hijo de 2 años: el bebé que carga en brazos. Ray Kurzweil Jr también es experto en inteligencia artificial-inventor-futurista-empresario-científico-bla-bla-bla. Es el bebé que escribió el libro que tienes en las manos, un manual de superación personal para el siglo XXI que sugiere que “si no eres feliz, puedes descargar una personalidad que sí lo es”.
¡No te asustes! Tú crees que estás en el 2009, y que estudias para los exámenes finales de una universidad, pero este libro es la prueba de tu error: la capacidad de aprender a velocidades electrónicas hizo que desaparecieran las universidades. La comunicación verbal y no verbal quedó obsoleta. El texto que pisa el empequeñecido Ray Kurzweil y su hijo es puro adorno, diseños protocolarios estándar para libros. En este caso, la forma de adquirir el conocimiento es inhalando a Ray Kurzweil Jr. Estas mini-personas… realmente no son de carne y hueso. No las puedes tocar. La imagen que estás viendo de ellos, así como la imagen del ex Presidente, las produce un pico-proyector instalado en el centro de los libros. El pico-proyector apunta a tu retina. Si inhalas a Ray Kurzweil Jr, su “cuerpo” entraría a tu nariz. Lo que en realidad inhalas son torrentes de nanobots que salen del libro y llegan a tu flujo sanguíneo y toman control de tu sistema nervioso para que puedas experimentar sensorialmente el contenido.
Pero tú, Manuel, crees que puedes evitar la inhalación. Cierras el libro de un golpe. Arrancas página por página y las vacías en el inodoro. Te vuelves a sentar. Y al cabo de un minuto todo es lento. Pesado. Borroso. Blanco…
¡Despierta! Abre el cajón de los primeros auxilios. Encuentra el libro “The End of History: This Time for Sure” por Francis Fukuyama. Si aún estás cuerdo, ábrelo.
Sólo necesitas una explicación: eres el lector del pasado y del futuro posible del Universo. Por la forma en que tiemblas y gritas, supongo que el Universo se equivocó al asignarte a ti, un ser humano no-mejorado de principios del siglo XXI que trata de deshacerse del libro, que no comprende que es imposible luchar contra su destino. Manuel, si quieres volver a tu vida, debes terminar tu labor. Lo mínimo que puedes hacer para liberarte es mirar la portada y abrir el libro. Ver la proyección hasta el agotamiento. Cerrarlo y volverte a dormir. Ya casi terminas. Faltan 13 libros para el 2009.
[Imagen: Impactlab]
[Texto: Hernán Ortiz]
[Las otras historias: Shining Buddah y Raid D1sruptor]
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Video para todos
Tengo que admitir que a diferencia de muchos conocidos tecno-freaks, yo no creo en toda esta venta de aire que llamaban “Web 2.0″. Tal vez sea por que lo veo desde el lado tecnológico del asunto, pero no veo a Facebook como una aldea virtual, no creo que Twitter sea un medio revolucionario, y no creo que los blogs lleguen a reemplazar al periodismo real y remunerado. Y aunque tengo los tres, no entiendo bien el concepto de igualar 2 memes con la creación de la imprenta. Pero ese soy yo.
Entre muchas otras cosas que esta “revolución” nos está vendiendo, está la idea de que los sitios de video online (YouTube, Vimeo, etc.) están destinados a reemplazar a la televisión y al cine. No sé a que YouTube suelen entrar estos revolucionarios del sofá, pero todavía no me cabe en la cabeza la idea que alguien pueda dejar de ver un episodio de Seinfeld por ver 10 clips de 2 minutos sobre gorditos cantando Dragostea din tei (Numa Numa).
Sin embargo, hace unos días me topé con “The Hunt for Gollum“, un film amateur creado “por fans y para fans”, basado en el mundo fantástico de J.R.R. Tolkien. Con €3000 de presupuesto, 40 minutos de video y muchas donaciones, los resultados son sorprendentes: una película corta que se ve casi tan bien como la trilogía creada hace un par de años por Peter Jackson y New Line Cinema. Quizá los teasers sean engañosos y el 80% del presupuesto se haya ido en esos 135 segundos de trailer, dejándonos con 38 minutos de basura, pero tengo esperanzas. Si la película resulta estar tan bien como se ve en los dos videos tendré que empezar a tragarme mis palabras, porque estaría totalmente dispuesto a cambiar 2 horas en una agobiante sala de teatro por tener acceso a una buena pelicula con los 30 minutos que conlleva la descarga.
“The Hunt for Gollum” no es el primer proyecto de este tipo. Existen además “Born of Hope” ambientado también en Tierra Media y “Star Wars: Revelations” en el universo de George Lucas. De todas formas, sigue existiendo un problema común a estas tres ficciones: la duración de los derechos de autor (copyright). Gracias a estas leyes, obras como “El Señor de los Anillos” (cuyo último volumen fue publicado en 1955) están protegidas por 70 años después de la muerte del autor, así que los creadores podran empezar a obtener ganancias a partir de 2043 (2053 en Colombia).
Hoy en día es común que gente que en su vida ha leído un libro se la pase todo el día leyendo blogs en Internet, y que las personas que nunca pudieron tocar un instrumento gasten dos o tres horas a la semana haciendo remixes de Nine Inch Nails. ¿Cómo sería un futuro donde el video que vemos online fuera producido por independientes con amor al arte y no por empresas vendiéndonos “Dude, Where’s my Car?” ?
Dejando de lado el asunto de los derechos de autor, quedan algunas preguntas: ¿Quién paga por los costos de producción?, ¿Habrá gente dispuesta a pagar por ver una de estas películas?, y finalmente: ¿Cómo gastaron USD$285 millones haciendo la trilogía de Jackson?
Mientras soñamos con un futuro donde no tengamos que lidiar con los amables señores de la MPAA, aquí está el trailer de la película que fue lanzada el 3 de Mayo de 2009:
[Foto: btt86 en Flickr]
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Música ballardiana para un club nocturno vacío
Publicado hoy, Domingo 3 de Mayo, en Generación de El Colombiano.
“Ballardian”: un adjetivo incluido en el Collins English Dictionary que se refiere a lo relacionado con las condiciones descritas en los cuentos o novelas de J.G. Ballard: la modernidad distópica, los desoladores paisajes creados por el hombre y los efectos psicológicos del desarrollo tecnológico, social o ambiental. Elementos que hacen pensar única y exclusivamente en J.G. Ballard: las piscinas vacías, las construcciones deshabitadas, los desiertos y los clubes nocturnos donde la música suena pero no hay nadie escuchando…
¿Y cuál es la música que suena?
Digamos que en ese club nocturno ubicado en medio del desierto, sobrevolado por aviones bombarderos –que a los ojos de los niños se dedican a hacer figuras con las nubes– y a donde llegaríamos siguiendo las pistas que nos deja un camino de jeringas hipodérmicas vacías, sonaría música Ballardiana. Música influenciada por las ficciones de J.G. Ballard: Radiohead, Joy Division, Manic Street Preachers, Gary Numan, The Klaxons… Madonna.
Aunque J.G. Ballard –escritor inglés fallecido a los 78 años el pasado domingo 19 de abril– era reconocido por su sintonía con el cine y las artes plásticas, la influencia más notable de su obra, además de la literatura, fue en la música.
El 6 de Febrero de 2007, Thom Yorke, líder de la banda Radiohead, citó en su blog fragmentos del libro “Kingdom Come” (traducido por Ediciones Minotauro como “Bienvenidos a Metro-Centre”), la última novela que escribió J.G. Ballard. A pocos meses del lanzamiento de “In Rainbow” (álbum descargable y sin protección DRM que le permite al usuario pagar por él la cantidad que crea conveniente), Thom Yorke no podía sacarse a Ballard de la cabeza: “El peligro es que el consumismo necesitará algo cercano al fascismo para seguir creciendo”, “Somos como niños aburridos. Hemos estado en vacaciones durante mucho tiempo, y nos han dado demasiados regalos”, “La sociedad consumista es una especie de estado policial indulgente. Creemos que tenemos una elección, pero todo es obligatorio. Tenemos que seguir comprando o fallamos como ciudadanos”. Yorke experimentaba la influencia Ballardiana, fenómeno en el que una historia de Ballard secuestra las ideas del lector sobre el mundo, las transforma con su lógica surrealista y se las devuelve con su propio sello, haciendo que sea imposible volver a ver la realidad de la misma forma. La obsesión de Yorke por las ciudades ahogadas (o por la inundación, como en el cover de su álbum como solista “The Eraser”) es en parte inspirada por El Mundo Sumergido (1963), novela que se adelanta al calentamiento global y en la que –al igual que en La Sequía (1964) y El Mundo de Cristal (1966)– los acontecimientos externos sirven como excusa para explorar lo que Ballard denominó “el espacio interior” (a diferencia del “espacio exterior” de viajes al espacio y conquista de otros planetas característico de la ciencia ficción de la época) definido como un territorio psicológico “donde se encuentran y funden el mundo exterior de la realidad y el mundo interior de la mente”. Ese era el interés de J.G. Ballard: el lado oscuro de la psique del ser humano, los apocalipsis internos de los personajes. Radiohead, en su exitoso álbum de 1997 OK Computer, incluye dos canciones influenciadas por la visión del mundo Ballardiana, específicamente por la novela “Crash” (llevada al cine por David Cronenberg): Airbag, que describe un accidente automovilístico en cámara lenta, y Lucky, sobre una experiencia cercana a la muerte en un avión a punto de estrellarse.
“Crash” describe una subcultura obsesionada sexualmente por las posibilidades de los accidentes automovilísticos –“las heridas causadas por las colisiones de los automóviles son las claves para una nueva sexualidad, nacida de una tecnología perversa”– y fue la novela más experimental, arriesgada y controversial de J.G. Ballard. Es conocida la historia del editor que recibió el manuscrito de “Crash” y dijo: “este autor está más allá de la ayuda psiquiátrica. ¡No lo publiquen!”. Sin embargo, la novela fue publicada en 1973 y se convirtió en un clásico de culto. Ballard escribió “Crash” como manifestación de un acto de furia, sintiéndose destruido por la muerte de su esposa, y años después reconoció que no era capaz de volver a leer la novela, que ese libro parecía haber sido escrito por otra persona. En el álbum de 1994 “The Holy Bible” de la agrupación Manic Street Preachers se incluye la canción Mausoleum, donde se reproduce un sample de Ballard hablando sobre su libro “Crash”: “quería restregar la cara humana con su propio vómito, quería forzarla a mirarse en el espejo…” El postpunk de finales de los 70s y los 80s también fue muy Ballardiano. Bandas industriales como Throbbing Gristle y Cabaret Voltaire eran admiradoras de las dos “B”: Ballard y Burroughs. La canción “Warm Leatherette” de la banda The Normals de 1978 es un resumen de “Crash” de tres minutos: “el freno de manos penetra su pierna/ Rápido – hagamos el amor, antes de que te mueras”. Las canciones “Cars” de Gary Numan y “Always crashing in the same car” de David Bowie, también le deben parte de su inspiración a “Crash”. Numan admitió en una entrevista que la canción Down in the Park (historia de unos androides que asesinan y violan seres humanos por entretenimiento mientras el público los observa desde un club cercano) fue influenciada por J.G. Ballard y Philip K. Dick.
La idea de “Crash” surgió de una novela-de-relatos que J.G. Ballard había publicado previamente: The Atrocity Exhibition (Exhibición de Atrocidades, 1970), un experimento literario dividido en capítulos con nombres provocativos (“Tú: Coma: Marilyn Monroe”, “Notas para un colapso mental”, “Por qué quiero joder a Ronald Reagan”, etc.) cuya lectura y ambiente podría describirse como la experiencia de entrar con un automóvil estrellado a una morgue transformada en museo de arte pop, donde el médico forense describe con tono desapasionado curiosos hallazgos y patrones y relaciones entre el cuerpo, la sexualidad, la tecnología y los rincones más oscuros de la mente humana. “Closer” (1980), el último álbum de la banda Joy Division antes de la muerte de su vocalista Ian Curtis (que era un gran lector de Ballard), incluyó la canción “The Atrocity Exhibition” que está basada en la novela.
La banda inglesa The Klaxons también fue víctima de Ballard. Ganadora del Mercury Prize, tituló su más reciente álbum Myths of the Near Future en homenaje a la colección de cuentos de J.G. Ballard. Esta agrupación, que se ha inspirado también en obras de Thomas Pynchon y William Burroughs, dijo en una entrevista: “para nosotros la fantasía y las tierras extrañas que se esconden dentro de la mente humana son muy importantes. Todos esos referentes son parte de nuestra música y nos preocupan o nos guían mucho más que las modas o los gustos de la gente en cada momento”.
En el club nocturno Ballardiano también hay cientos de pantallas de televisión que a veces pasan escenas de “Psicosis” de Alfred Hitchcock y a veces videos de música pop. La canción “Video killed the radio star” de Buggles fue la primera que puso el canal MTV en su lanzamiento de 1981, y está inspirada en el cuento de J.G. Ballard “The Sound Sweep” (El barrendero de sonidos), que narra un mundo obsesionado por la limpieza sonora del ambiente, donde la música se ha transformado en una experiencia fría y desencantada.
En las paredes del club nocturno hay posters que, en conjunto, forman la imagen Ballardiana perfecta: un avión de la RAF oxidado y tirado en un páramo desolado –la carátula del álbum Sci-Fi Lullabies de la agrupacupión Suede inspirada en J.G. Ballard– al lado de un collage con fotos de las partes íntimas de Madonna tomadas en medio de su tour Drowned World (El Mundo Sumergido), que es llamado así en honor a la novela ya mencionada de Ballard, música de la banda inglesa Comsat Angels (cuyo nombre fue tomado de un cuento de Ballard) y un sample de la voz de Ballard hablando, de la nada, sobre punk: “para ellos la locura era una especie de libertad, la única libertad que les quedaba […] La sociedad burguesa les ofrecía hipotecas y ellos le respondían con psicosis”.
Esa psicosis que mencionaba Ballard fue su preocupación durante los últimos diez años. Ya había empezado a tratar el tema en su novela Rascacielos (1975), ubicada en un futuro cercano donde un gran edificio de apartamentos satisfacía todas las necesidades básicas de sus habitantes (bancos, colegios, restaurantes), y cuya estructura de clases altas en los últimos niveles y clases bajas en los niveles inferiores desencadenaba una serie de acontecimientos perversos, hasta llegar a un tribalismo brutal y violento, metáfora de una sociedad occidental a punto de colapsar. La banda Hawkwind, pionera del Space-rock, se inspiró en esta novela para una canción llamada High Rise (Rascacielos) en su álbum PXR5 de 1975. Luego, con la misma atmósfera, Ballard escribió Noches de Cocaína (1996), Super-Cannes (2001), Milenio Negro (2003) y la ya mencionada Bienvenidos a Metro-Centre (2007), novelas ubicadas en un futuro cercano (o lo que él llamaría un “presente visionario”) donde la violencia y las pequeñas dosis de psicopatía son tratadas como recursos terapéuticos para que las sociedades se sientan más vivas y se liberen de una prisión auto-impuesta. En estas novelas, psiquiatras, médicos o deportistas carismáticos son una especie de Mesías que llevan a los ancianos que están a punto de morir en lujosos balnearios, a los ejecutivos que se mantienen con gripa y depresión, o a los matrimonios estancados… hacia nuevas e inesperadas posibilidades. Y siempre hay un peligro acechando. Tal vez, como dice en Super-Cannes: “Los Adolf Hitler y Pol Pot del futuro ya no vendrán del desierto, sino de centros comerciales y complejos industriales corporativos”.
Y si hay alguien que sabe de guerra y violencia es J.G. Ballard. Este autor nació en Shanghai en 1930 y durante la segunda guerra mundial fue recluido con su familia en un campo de concentración japonés. Una experiencia dramática que cambió para siempre su visión del mundo y que retrató en la novela de 1984 “El Imperio del Sol” (su novela más conocida, adaptada al cine por Steven Spielberg). Las experiencias traumáticas de China lo acompañaron de por vida y lo dotaron con una habilidad excepcional para las metáforas y los símbolos. “Mi ficción es, de muchas formas, la disección de una patología profunda que observé en Shanghai y luego en el mundo de la posguerra”, escribió Ballard en sus memorias. “Recuerdo muchas de las brutalidades casuales y las golpizas que ocurrieron, pero al mismo tiempo éramos niños que nos divertíamos con cientos de juegos”. La nueva banda del líder de la agrupación australiana Sleepy Jackson se llama Empire of the Sun, en honor a la novela de Ballard.
Alguien se acerca al club nocturno. De fondo hay música de John Foxx (que admitió leer demasiado a Ballard) y de repente la música se desvanece y se reproduce la grabación de la voz de J.G. Ballard leyendo su credo: “Creo en el poder de la imaginación para reconstruir el mundo, liberar la verdad que hay en nosotros, alejar la noche, encantar las autopistas, congraciarnos con los pájaros, asegurarnos los secretos de los locos, trascender la muerte”. Quien se acerca es un nuevo lector de J.G. Ballard, seducido por la narración fría y clínica de sus textos, un lector que saldrá del club nocturno convertido en otra persona… alguien que podrá ver los secretos detrás de un cementerio de automóviles, que apreciará la poesía de los hoteles abandonados y las playas de vacaciones desiertas, alguien que verá el mundo como lo vio un profeta de nuestro tiempo que trascendió la muerte con la imaginación y que por medio de su obra y los artistas que influenció, será eternamente recordado.
[Texto: Hernán Ortiz]
[Foto: Paul Murphy]
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